Renovarse o morir.
" El águila, a pesar de ser el ave más longeva que existe, más allá de ser una formidable cazadora, y sin importar su magnífico porte, es una criatura trágica, obligada a enfrentarse a un drama de renovación o muerte en algún momento de su existencia.
A esa edad, ya no pueden cazar sus presas porque las garras están descalcificadas, blandas y sin fuerza; además, su pico se encuentra agrietado y deforme hasta el punto que le impide su normal alimentación, ahora es largo y puntiagudo y se dobla
contra su pecho. Para completar la tragedia, las plumas se han tornado excesivamente rígidas, y pesadas, dificultando el vuelo, exigiéndoles un esfuerzo mayor para sostenerse en el aire.
Además, por ser aves muy competitivas y territoriales, son atacadas por otras águilas más jóvenes.
Aquí es cuando el instinto o el libre albedrío del animal entra a actuar. Muchas águilas mueren en estos combates, otras se extinguen por el hambre, y un porcentaje de ellas opta por el suicidio al dejarse caer en picado sobre las rocas desde gran altura.
El águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentarse a un doloroso proceso de renovación que durará 150 días.
Un pequeño porcentaje de ellas elige retardar el final de su vida; para lo cual, remontan el vuelo hasta elevadas e inaccesibles paredes rocosas y, en un lugar seguro y suficientemente protegido, se posan y dan inicio a una terrible tarea regenerativa.
En la soledad de su confinamiento montañoso el águila golpeará sistemáticamente su pico contra una piedra hasta destrozarlo.
Esta dolorosa mutilación provoca en su fisiología una regeneración, como el de las uñas de los humanos. Y así, al poco tiempo le crece un pico nuevo y perfecto; gracias a él emprende otra desagradable labor: Se extirpa una a una las garras atrofiadas. También éstas son sustituidas por nuevas.
Por último, se arranca todas las plumas viejas e inservibles para el vuelo. Nuevas plumas, más blandas, suaves y saludables nacerán de los canutos sangrantes.
Al cabo de los ciento cincuenta días, el águila se encuentra renovada y lista para volver a la lucha diaria por la subsistencia.
Después de cinco meses de suplicio, hambrienta, baja de nuevo a los valles donde le esperan muchos otros años de vida."
(Pillado de uno de esos correos que manda la peña. En contra de los pestiños que se suelen enviar, esta historia es bonita y pedagógica. Si, ya, parece extraída de un manual de autoayuda, pero no me negueis que es guapa y que tiene un bonito recao..)
La moraleja no sé si es que me he de hacer un liffting o que debo pedir hora al cardiólogo, el urólogo, el nefrólogo, el digestólogo etc., para poder seguir agarrando, cogiendo que diría un argentino,a mi presa con garantías...El "pico" aún lo tengo bien, gracias.

Bienvenido a mi blog, a mi casa, que es la tuya. Aquí iré poniendo cosas que me gusten de las que vea por ahí, o "vomitando" lo que a mí me salga de las tripas, o de las meninges, como le sale a esa simpática calabaza, y que no tiene que ser necesariamente ofensivo....
3 comentarios
durante los últimos meses me bombardeaban a e-mails sobre las cuarentonas, lo guapísimas que estamos a esta edad y de las relaciones con chicos mas jóvenes, pues nada, que me he aplicao la moraleja
de todas formas se ha de ser muy fuerte para renovarse de esa manera, buf, durillo
petonets
24 may 2007 | 05:41 PM
¿Y con los buitres hijos de puta que visten chaqueta qué hacemos?
24 may 2007 | 08:13 PM
Si a los 40 años, quien dice los 40 dice los 50, podemos hacernos una serie de "reparaciones" (quirúrgicas, tratamientos, etc.) con suerte llegaremos, como el águila, a vivir unos 30 ó 40 años más. Confiemos que las reparaciones nuestras no sean tan dolorosas como las que se relatan arriba.
24 may 2007 | 08:16 PM
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