La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

Menuda acémila¡¡

Meditación para hoy: un médico del Hospital público madrileño Gregorio Marañón ha pasado visita a Fidel Castro. La noticia médica del día es que Castro no tiene un cáncer, como se pensaba en un principio, sino una enfermedad no muy grave que acabó complicándose (“un proceso benigno que ha tenido una serie de complicaciones”).


(La Espe analizando unos terrenos a recalificar para sí misma, o algún conmilitón, mientras piensa en la próxima mamarrachada que dirá.)

La noticia política es la reacción de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que no es más Aznar porque no entrena. Ahora, como dice Llamazares, se cuelga la medalla de que un médico, ya no español sino de Madrid (¡Madrí!), cuya sanidad pública lleva camino de desmantelar si gobierna unos pocos años más, como denuncian los sindicatos, que un médico, digo, del Gregorio Marañón haya acudido a salvar la vida “del dictador Castro”.

Aprovechando la jugada, le ha enviado un cañonazo a la línea de flotación de lo que el régimen de Castro considera su buque insignia, su máximo logro revolucionario, compadre: la sanidad pública cubana. Se pregunta Esperanza “que ocurrirá con el resto de los ciudadanos de la isla, con el resto de los cubanos y especialmente, con los presos políticos” cuando “el primero de los cubanos (...) está enfermo y tiene que pedir ayuda a la Sanidad madrileña”.

Aparte de una ignorante, porque a quien pidió ayuda no es a la rimbombante Sanidad madrileña sino a un médico concreto, con nombre y apellidos, llamado José Carlos García Sabrido, muy cercano sentimentalmente a la isla, a la que ha viajado con frecuencia... además es una insensata teniendo en cuenta que todavía está caliente el cadáver de su correligionaria Loyola de Palacio ¡que acudió a Houston a tratarse el cáncer del que acabó muriendo! Como si en España no hubiese especialistas en tratamiento del cáncer.

¿Os imagináis al presidente Bush preguntándose “que ocurrirá con el resto de los ciudadanos de España, con el resto de los españoles y especialmente, con los presos de ETA” cuando “una amiga de mi querido Aznar (...) está enferma y tiene que pedir ayuda a la Sanidad norteamericana?”. Lo dicho, si nace hombre nace Aznar, la pobre.

(El texto es de Manolo Saco en 20Minutos)

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3 comentarios

  1. Maite

    Muy bueno, el Manolo, como siempre. Y con más razón que un santo.
    Lo único que me sabe mal es por el pobre burro. Un animal tan noble y trabajador y sufrido y callado... compararlo con la Espe, no sé, me parece hacerle un gran feo al pobre.

  2. Madrid-La Habana: Encarnizamiento terapéutico
    www.pensamientovagabundo.blogspot.com

    Realicé la especialidad en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el antiguo Provincial -y menos antiguo Generalísimo Franco, como muchos de los pacientes de mayor edad aún le denominan. Los recuerdos de la etapa de residente son para un médico los más duraderos, y tengo entre los míos haber estado integrado en la monumental y caótica mole del mayor hospital de Europa, mastodonte dubitativo y en constante cambio. Por eso me viene ahora a la memoria cómo las políticas internas del Hospital siempre estuvieron vinculadas a obtener el plácet de los políticos “provinciales” (incluso antes de asumirse por las Autonomías las transferencia de la Sanidad, pues el "Provincial" no dependió nunca del INSALUD, sino de la Diputación de Madrid), y que la politización del Centro era de una variante más pragmática que ideológica. El ejercicio de la Medicina allí siempre estuvo amenizado por las pequeñas ambiciones, que eran el origen de una política patatera; en mis últimos años en el Hospital las guerras entre los diferentes Servicios y dentro de los mismos eran libradas siempre con la vista puesta en la Consejería.

    García Sabrido, buen cirujano, estaba adscrito a la facción socialista del Hospital, como uno de los pocos leales a muerte a Sabando, último Consejero de Sanidad del PSOE. Creo que es plausible imaginar que haya sido la recomendación de Felipe González, que hacía llamar a Monclóa con frecuencia a los especialistas del Marañón más afines, la más determinante en la elección de Sabrido por parte de la Inteligencia Cubana como cirujano de máxima confianza para una intervención que ya no se prevé que sea mucho más que un embalsamamiento. Nuestro hombre en la Habana tendrá por delante un difícil papelón del que no puede salir más que escaldado. Ninguna decisión médica puede estar basada en la ética médica en medio del akelarre de la nomenklatura cubana, y no parece que al especialista le vaya a ser permitido sugerir un abordaje simplemente paliativo para tan terminal enfermo: no ha sido llevado a Cuba para eso. En esta hora, mucho más útil que su trayectoria de cirujano ha de serle su habilidad para la intriga -en la que tan ducho ha de ser todo jefe de servicio del Marañón- cuando tenga que desenvolverse entre las camarillas del Partido y toda decisión clínica tenga primero que superar el entramado de obstáculos que forman la obediencia castrense, las ambiciones soterradas, los odios intestinos, y el insuperable miedo a un futuro sin Jefe o a un Jefe sin futuro.

  3. Simplemente genial, J.A.
    Digo yo... Ese proceso benigno que se complicó... a mí me sigue sonando a cáncer... Y no me pinta muy bien la historia. Ya le pasó a la Jurado, que todos la querían ver viva pero la pobre ya había pedido pista...

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