La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

Ramón

Yo tenía poco más de cuatro años, hace cincuenta, cuando nació mi hermano Ramón, pero me acuerdo perfectamente porque, por ésa época, entre cambio de domiclio o cambio de localidad, en función de los trabajos de nuestro padre, una vez más, seguramente también para que mi madre pariera bien acompañada por mi abuela Carmen, aquellos arriesgados partos con comadrona y vecinas, estábamos en casa de ella.
Y estábamos, en aquella casa se podía llegar a juntar más de treinta personas , hacinaditos en una de las habitaciones, en dos camas, catres, jergones, una para mis padres y otra para los churumbeles.
A la hora que me despertara cada mañana, sistemáticamente, me pasaba a la cama de mis padres, que me hacían un cálido y generoso hueco. Algo normal, por otra parte. Pero aquél día, cuando me disponía a hacerlo, algo impactante trastocó mis planes. Yo no sabía nada, no sabía, o no recuerdo que supiera, que mi madre estaba embarazada. Mucho menos que había parido. Lo cierto es que cuando buscaba mi precioso hueco en su cama, me hizo un gesto y me enseñó una cabecita de bebé. Era Ramón. Me dijo que tenía un hermanito más, que lo dejara dormir, que acababa de nacer. Me quedé patidifuso. Seguramente, yo, que tengo la memoria de un pez, me acuerde del nacimiento de Ramón por esa impactante sorpresa, por esa impactante cabeza. El que me robara mi momento favorito del día, mi cambio de cama para acurrucarme con mis padres, creo que aún no se lo he perdonado, pero me voy recuperando del trauma y algún día no le guardaré ningún rencor.
Poco después, yo iba de sorpresa en sorpresa con Ramón, me enteré y también me impactó sobremanera, que tomaba leche de burra, de una burra que veía yo pasar tirada por su amo, el generoso donante, por delante de la puerta de la casa de mi abuela, una leche que parece que le proporcionaba algún suplemento alimenticio necesario para él, que se estaba criando con algunos problemas. Entonces era milagroso que no fuera así, había una gran mortalidad infantil y todos eramos unos supervivientes.
No sé si sobrevivió por la leche de burra, o a pesar de ella, porque me imagino las condiciones higiénicas en las que se recogería aquella leche en aquel tiempo, pero el caso es que salió adelante. Ramón comenzaba a aprender a dar saltos mortales con tirabuzón, para escapar con bien de las dificultades.
Aquellos años anduvimos casi como nómadas de pueblo en pueblo: Rubiales, Llerena, Montijo, Guadiana del Caudillo (supongo que ya le habrán cambiado el nombre. Actualización. No se lo han cambiado: Ayer ví una noticia de un accidente de tráfico entre Montijo y Guadiana ¡¡¡del Caudillo!!))... Aparte,algunos de los chicos nos quedábamos en la casa de alguna tía, en Berlanga, Campillo de Llerena.....Finalmente Puertollano.
Cuando llegamos a Puertollano, Ramón era el "niño chico", el menor de aquella familia numerosa, a la que aún le quedaban miembros por venir, mis hermanas Maricarmen y Eloisa, estas ya manchegas.

Fué creciendo con algún problema más de salud, hasta el punto que sin llegar a ser un niño, un adolescente, débil, si que tuvo que volver a dar algún salto mortal, superar algunas dificultades para seguir adelante.
Le perdí la pista, como a todos los demás, cuando me fuí al seminario. Las comunicaciones de entonces, por carta, no eran lo suficientemente flúidas como para mantener una relación de ningún tipo en la distancia, y yo no iba por casa nada más que por un periodo de un mes al año, en los que lo veía crecer, ya con normalidad, aunque muy delgado y no muy fuerte, secuela indudable de los problemas de la niñez.
Cinco años después, cuando colgué los hábitos, Ramón ya era un adolescente perfectamente sano, y creciendo a velocidad de crucero sin más sustos, sin más sorpresas, sin muchos saltos mortales.
El siguiente salto, para él y para todos, fué con ocasión del traslado de la familia. Sí ,amigos, nosotros somos una de aquellas familias, no todos, porque mi padre nunca quiso hacerlo, algo que me parece muy bien, que cogieron su maletita y, rumbo al norte en busca de mejores pastos, recalamos en el cinturón industrial de Barcelona. Ramón tenía doce o trece años. Yo, diecisiete.
Mi madre iba y venía a Puertollano, allí estaba su casa, y nos arreglábamos como podíamos: Primero un piso alquilado, con Isidro, Joaqui, Ramón y yo. Es lo que recuerdo. Luego, tres habitaciones, en tres pisos distintos, durante algunos años, en algunos casos acompañados de Joaqui, en otros de Joaqui y Antonia, luego mi mujer, y en otros Ramón y yo solos, con los caseros, o anfitriones, o como quiera que se llamen los alquiladores de una de las habitaciones de su casa. Años duros, mucho más mirándolos en perspectiva, pero que entonces no me lo parecieron y , creo, que a Ramón tampoco.
Un Ramón que, burla burlando, se había hecho casi oficial de fontanería como ayudante de un buen lampista, que se les llama aquí a los fontaneros y que, como no podía ser de otra manera, aunque era muy pequeño para verse en ésas, fué sacando la cabecita, aquella cabecita, ahora ya más desarrollada, y volando perfectamente sólo. Quiero creer que mi presencia le serviría alguna vez para sentirse más arropado. La suya a mí , si que me sirvió.
Una anécdota me viene a la memoria, también relacionada con su salud en esos años:
Hubo que operarlo, sobre los quince o dieciseis años, en el Hospital del Valle Hebrón, al lado mismo de donde yo me iría a vivir unos años más tarde, de una "fistula" en el cuello que, por lo visto, se le estaba complicando y amenazaba con complicarsele aún más. Me impactó, otra vez los impactos de Ramón, cuando salía de quirófano aún groggui de la anestesia y en medio de lo que parecía un profundo sueño, comenzó a decirme: "Jose, estoy bien, Jose, estoy bien".... Muchas veces, sin parar, desde que mi madre y yo nos acercamos a la camilla por el pasillo y hasta bastante rato después, ya en la habitación. "Jose, estoy bien"...Se me quedó para siempre esa cancioncilla, no sin una buena carga, por qué no decirlo, de emoción y comunión con el único de mis cinco hermanos con el que, cincuenta años después, puedo decir que hemos estado viviendo uno al lado del otro, sin interrupción, muchos de ellos.
Cuando nos casamos Antonia y yo, ahí tenía Ramón su habitación, como no podía ser de otra manera. Y, luego, cuando compramos un piso más grande, ahí estaba Ramón en su habitación más grande. Él y Neus, una novia que tenía entonces, fueron determinantes, Neus fué la que se dió cuenta de la gravedad, para que lleváramos a urgencias a mis primogénitos Ángel y José Ramón, ambos los dos gemelos , unos bebés de poco más de un año, que se nos estaban deshidratando con una gastroentiritis tremenda y galopante. Cuando llegamos a Urgencias, otra vez el Valle de Hebrón, los médicos nos dijeron que habíamos llegado muy justos, que estaban prácticamente deshidratados, que por poco no los contamos. Putos saltos mortales de la vida.
Se casó con María, madre de sus hijos Ramón y Blanca, cuando los gemelos tenían cuatro o cinco años, poco antes de mi divorcio con Antonia, lo que me llevó a vivir, por primera vez en bastantes años, relatívamente lejos, pero relatívamente cerca de Ramón, él en La Llagosta, yo en Barcelona, pero nos arreglábamos para vernos con frecuencia.
Además, trabajamos los dos unos años en la misma empresa, una multinacional belga del bricolage, hasta que Ramón, hizo otro salto mortal y se me fué a la competencia. A patir de ahí, ya nos vimos mucho menos.
Hace dos o tros años se separó de María. Me consta, porque yo también he pasado por esa experiencia, que fué desgarrador para él, pero volvió a superar el salto mortal.
Los dos somos ya abuelos, los dos de sendas preciosas niñas, las dos de nombre María.
No pretendo hacer una biografía exhaustiva de Ramón. Sólo unas pinceladas de ella, en su relación conmigo, y porque me apetecía hablar de él, hablar bien de él, en estos días difíciles, en los que las circunstancia de la vida le obligan a dar, otra vez, un doble, o triple, salto mortal, en lo personal, en lo profesional, en lo vital.
Lo he visto afrontar la situación con una entereza indomable, y con un brillo de nuevas ilusiones en los ojos. Algo que ya no me sorprende.

He estado hablando con él y me ha dicho: "Jose, estoy bien"....Como aquél día en el Valle de Hebrón. Para mí es suficiente.

12 comentarios

  1. Cómo me gustan estos escritos, cuando cuentas cosas de los que te rodean.
    Una de las cosas que más me sorprenden es tu época de seminarista. Parece mentira. Y yo que me creo que he vivido mucha vida... Naderías comparadas con la tuya.
    Un beso a Ramón, porque seguro que algo malo tiene, pero en tus manos parece el hermano que todos queremos ;-)
    Hijo, da gusto leerte. A ver cuando te mando la biografía de la familia de la menda para que me la cuentes así de bonita, jajaja...
    ¡Que un beso y feliz navidad, aunque esté muy visto decir esto en esta época!

  2. asperus

    Tu hermano Ramon, tus otros heranos y tu época de seminarista. Es el resumen que saco de tu ídilico escrito más el comentario de nuestra amiga Marta.
    Una cosa es la literatura y otra ......................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................

  3. José Antonio

    Asperus, ¿Qué he hecho mal ahora?...Es que no estoy seguro de entender lo que me dices, ni qué significan todos esos puntos suspensivos. Pero, vamos, que ni literatura, ni idilio, ni hostias en vinagre. Esta vez no entendería que alguien me encuentre pegas a algo que sólo es expresión de sentimientos y no me gustaría llevarme sorpresas desagradables, que el tema es muy serio para mí....
    Igual los puntos suspensivos significan algo agradable...¡¡Es que no lo sé¡¡..Pero, en este tema, preferiría que nadie me dé lecciones subliminales...Si quiero aprender filosofía ya iré a Salamanca. Aquí sólo quería hacerle un pequeño homenaje a mi hermano, y tuyo, Ramón. Tengo derecho a hacerlo, y tengo derecho a que se me respete la forma y el modo.
    Si sabes algo que yo no sepa, y que debería saber, me llamas y me lo dices. Todo, menos los místicos puntos suspensivos y esas alusiones, que no son nuevas y huelen a reproche, a la literatura y a lo idílico. Si eso molestara o pareciera frívolo, que no lo sé, perdón por saber usar la literatura, y la ortografía, para expresar lo que me de la gana. Si a alguien no le parece este el sitio adecuado para hablar de según qué cosas, a mí si. Aún me quedan las suficientes luces para saber tratar los temas con la confidencialidad y la delicadeza, o no, que quiero tratarlos. Por si fuera poco, me ampara la libertad de expresión.
    Pero, no sé, a lo mejor, todos esos puntos suspensivos son besos y abrazos.
    Si es así, si no también, ahí va:
    ..................................................

  4. Maite

    A mi me parece una narración hermosisima. Es muy buena la redacción, tu fraseo tan peculiar que le da belleza pero, por encima (o debajo) de todo existe una idea y una intención. Y eso es lo que yo digo que es hermoso. Mira, podías haber dicho cosas mejores y peores de tu hermano, al final es un ser humano y como tal sujeto a defectillos como los demas (lo se bien, yo también tengo muchos hermanos). Podías haber dicho algo bueno e introducir, mas o menos veladamente, aspectos negativos o algo que no te guste de Ramón. Pero no. Tu has hecho un escrito solamente de buenos sentimientos y de buenos recuerdos y eso es lo más hermoso que he leído nunca. Me encanta que seas así y que escribas así. Olé!!!!

  5. el simplon

    Mi tito ramon no tiene nada malo....al igual que su sobrino favorito

  6. la pima carmen

    no se por k va esto del tyto pero beno da= k te kero muxo k eres unos delos tyos + gacioso y k te kiero muxo muxo

  7. asperus

    La verdad, Jose, es que me ofusque, tal vez por la preocupación que seguro que tu tambien tienes, por temas relacionados con el mierdina y salí tarifando por los cerros de Úbeda.
    Los puntos suspensivos no significan nada.
    No hay ninguna sorpresa ya que yo tambien soy borrico y rebuzno, ultimamente, con demasiada frecuencia.
    Que vale, tio, con literatura y sin literatura sigues siendo un cabestro.
    Disculpa mis "fueras de juego" a veces me ocurre sin pretenderlo que quiero pujolizar cualquier debate. Me lo haré mirar.

  8. José Antonio

    ¡A mis brazos, cabestro calvorota "pujolizador"¡

    PS.-(Lamadrequeteparióquedescansaditaquedaría...)¡¡QUE TE QUIERO MUCHO¡¡)

  9. José Antonio

    Carmen, ya sé que Ramón es el tito más gracioso. Yo me conformaré con ser el preferido, jejeje¡¡
    TKM

  10. LAURITA

    AY MI TIO LO QUE LO KIERO YO LEXES¡¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS..¡¡¡
    ABER ABER..AL ESCRIBIR ESTAS FRASES ME SALE UNA SONRISA SIN QUERER PORQUE PIENSO EN LO MUCHO K T KIERO Y EN LO ESPECIAL K ERES PARA MI...PORQUE KUANDO PIENSO EN TI LA PRIEMRA IMAGEN K SE ME VIENE A LA CABEZA ES TU KARA SONRIENDO,O TU HACIENDO COMO NO EL TONTO(PERO EN EL BUEN SENTIDO DE LA PALABRA),KIERO DECIR K SIMPRE ESTAS HACIENDO UNA GRACIA PORQUE RES ESPECIAL UNICO E IRREPETIBLE...
    POR ESO Y POR MUCHO MAS KIERO K SEPAS K NUNKA M OLVIDO DE TI SOBRE TODO EN LA CONTRASEÑA DE MI MSG VERDAD?,Y K CONTIGO LA DIVERSION ESTA ASEGURADA,O SINO K NOS LO DIGAN A NOSOTROS..E?PARA LLEGAR AL PLENILUNIO EE?115..AH NO 105....etc..
    bueno tito k hasta la proxima te recordare como lo que eres .EL MEJOR

  11. No me lo puedo creer!! Eres medio extremeño? Yo me crié por aquellas tierras. Hasta tengo familia de Berlanga, mira que si estamos emparentados... Vaya sorpresa! En un futuro medianamente próximo está volver también a Mérida, de donde es mi chico y donde aun vive mi padre.
    Por cierto, a Guadiana del Caudillo no le han cambiado el nombre... Ni a la calle donde viví en aquel pueblo de casi las Hurdes, que sigue siendo General Yagüe. Ni a muchos otros sitios más hay así por desgracia... (Por aquí está Llanos del Caudillo) Para que después digan que es revolver el pasado la memoria histórica. Y en muchos sitios se nos obliga a recordar "el otro pasado".
    Seguro que tu hermano Ramón agradece tu homenaje y tu apoyo.
    Una abrazo.

  12. José Antonio

    Mi padre es de Berlanga, Marilia¡¡¡Y yo de Llerena. Verás tú que al final vamos a ser primos, o algo, jajja¡¡
    Y en Mérida estuve el año pasado. Volvíamos Maite y yo de una escapadita a Lisboa, camino de Puertollano, y pasamos varias horas en Mérida en un mercado medieval la mar de chulo que se habían montado cerca del puente romano sobre el río.
    Lo que me choca, sobre el tema de los "Caudillos" que aún figuran en los nombres de pueblos es que, con tantos años de gobierno socialista en la Comunidad no hayan cortado por lo sano con esa insana barbaridad que creo que se lo han quitado hasta al Ferrol. La derechona no deja profundizar en la memoria histórica de los demás, pero son muy celosos de la suya...
    Un abrazo, guapa, me alegra un montón la rentrée que has hecho en la Coctelera en general y en mi blog en particular.
    Besos.

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