La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

Seminarios bajo el "Régimen".

Aún no tenía diez años cuando le llevaron a un seminario. En aquel entonces y aunque disfrazada de una pretendida vocación religiosa, a muchos niños les llevaban a internados religiosos, seminarios y conventos, con la ilusión, por parte de los bien intencionados padres, de que su hijo tuviera acceso al estudio que de otra manera no podían ni soñar, y con la planificación, por parte de la cúpula religiosa, de seleccionar de entre tanto material humano, la miseria hacía que no hubiera como ahora "crisis vocacionales", los necesarios futuros administradores de su enorme patrimonio.

(El primero de la derecha, con once años, uno de los españoles que les cabe el fastuoso honor de ser de los primeros en usar habitualmente zapatillas deportivas, y el que parece menos paleto de todos (¡jaja¡), es el protagonista de esta pequeña historia)

Así que allá va nuestro pequeño héroe, siguiendo la estela de su hermano mayor, y pleno de gozosa vocación sacerdotal, escogido por los cielos, a cumplir la misión para la que había sido señalado por el mismísimo Espíritu Santo.
El internado era de frailes mercedarios y no pasaba de ser un inmenso y destartalado caserón que había sido adosado a un convento convencional, al que se le habían construído, de forma sórdida y poco planificada, algunas dependecias para alojar lo más dignamente posible a sus doscientos pequeños, y no tan pequeños, huespedes, procedentes de todas las regiones, antes eran regiones y no Comunidades, de España.
Un claustro de quince frailes, algunos con mejor voluntad que aptitudes, otros ni siquiera con buena voluntad, tenían que pastorear con aquellos muchachos, "postulantes" los llamaban que, unos más convencidos que otros, habían sido arrancados, ésa era la cruda realidad, de la falda materna para sumergirlos en aquella amalgama de educación espartana, estudios eclesiásticos y cultura general tutelada por el dictador y sus mamporreros, que tenían en el clero uno de sus más firmes pilares para la formación de mansos al Régimen, de mansos al régimen y al clero, a la Iglesia, de tal modo que cuando fueran adultos se convirtieran, si no en sacerdotes, misión concreta en aquel centro, si en "hombres de bien y de provecho para el día de mañana". La operación político-religiosa era evidente: Una educación espartana, religiosa, dogmática en lo religioso y apolitizada socialmente, convertirían a sus juventudes, y ya para las demás generaciones, en adictos y adeptos al Régimen, para la mayor gloria de la patria, su patria, y de dios, su dios, en un orquestado plan para llevar a cabo la "divina" misión de mantenimiento de las "Castas", como en la India, donde religión y política combinadas habían logrado la sociedad "ideal", pensarían ellos, consiguiendo que las menos afortunadas asumieran resignadamente la superioridad de otras Castas, en la esperanza de que en alguna otra reencarnación los dioses les concedieran la gracia de pertenecer a alguna más alta.
El muchacho había sido llamado para formar parte de ese Ejército de Mamporreros, figura a la que se conoce por facilitar que unos jodan cómodamente a otros a cuenta del Amo, en el Batallón de los Especialistas en Almas.
El chico, es evidente, no lo veía así entonces, bastante tenía con sobrevivir en aquella vorágine de misas, rosarios, angelus, hacer la cama con precisión quirúrgica, confesiones, los zapatos como un espejo, comuniones, cambiarse de ropa dentro de la cama, lavarse en una palangana compartida con otros dos, las chicas no existen, el mundo exterior no existe, no existe el sexo y sólo existe Dios, su madre y aquel patético militar y su corte. A ellos debeis la honra y la vida, ellos son vuestros únicos guías.
El chico, sin embargo, se adaptó muy bien a aquella vida, y de mayor no tendría mal recuerdo de los cinco años pasados allí. En el recuerdo, y no sería justo que lo obviara, también rompe una lanza por algunos de aquellos frailes que de alguna manera, y de la forma más sutíl posible para no ser detenidos, se las arreglaron para inculcarnos conceptos de libertad y de antagonismo a la dictadura.
Aquello era lo que había, no había otra cosa, y el chico se las arregló para no ser un simple número y desde el primer año fué acaparando "cargos" y oficios que pronto lo situaron en una especie de estatus jerarquico "superior" a sus compañeros de aventuras, en su condición de peón de confianza de aquellos desbordados frailes, que se apoyaban en los chicos más espabilados para que aquella comunidad funcionara mínimamente.
Y fué monaguillo de los grandes fastos religiosos que los frailes impartían para los parroquianos de aquella población, a la vez que para los postulantes que, para esas ocasiones, los vestían con una especie de hábito blanco, con capillita sobre los hombros y una faja roja a la cintura, cuya punta colgaba a través de la pierna izquierda adornada con unos flecos en la punta. Una preciosidad.

La verdad es que daba gozo ver, desde la atalaya del altar mayor y como monaguillo curtido en miles de misas y otros actos litúrgicos, la iglesia llena de una parte por aquellos doscientos "frailecillos", como los llamaban en el pueblo, con su uniforme blanco y rojo, y en la bancada de la derecha la población civil, con las fuerzas vivas del pueblo en los primeros asientos y el resto formado mayoritariamente por una corte de beatas que, después de las ceremonias, revoloteaban alegres e histéricas alrededor de aquellos frailes, los ya consagrados, adeministradores conscientes de las gracias divinas que aquellas pobres esperaban conseguir merodeando en las sacristías. Al muchacho, testigo excepcional en su condición, también, de sacristán, no se le escapaba ningún detalle y no le extrañaron nada, pasados los años, las noticias que le llegaron del abandono de los hábitos para casarse con alguna parroquiana, por parte de más de uno de aquellos pobres curas, víctimas que habían sido a su vez, desde pequeños, de la represión sexual y social y que no quisieron perderse más de lo mucho que les habían quitado a sus vidas. Pricipalmente el sexo y la paternidad, algo a lo que es inhumano y estúpido renunciar por ninguna causa y a lo que les habían obligado y aún hoy siguen obligando, para consagrarse a la causa y proselitismo de la religión católica, con ese terrible y enfermizo problema que la iglesia católica ha tenido siempre con el sexo. Es estúpido pensar que ningún "Ser Superior", si existiera, que no existe, pusiera esas ridículas condiciones a nadie por consagrarse a su servicio. Siempre, claro, que el Ser Superior, fuera de verdad de una inteligencia superior. Pero sigamos.
El chico, y nos consta que está orgulloso de ello y por eso siempre lo cuenta a modo de batallita del abuelo Cebolletas, fué peluquero de sus compañeros, y enfermero, y Presidente, una suerte de delegado, pero Presidente, de su curso, y "rey mago" en las Navidades, que también pasaban allí encerrados sin acudir a casa, algo carísimo e impensable hasta el mes de Agosto, y capitán y figura de su equipo de fútbol, y de su equipo de baloncesto, y de su equipo de ping-pong, (evidentemente no era el más modesto, eso no) terribles escuadras deportivas que competían, hay que decir que con nítida superioridad, con los muchachos de otros colegios. Tenían la ventaja, de ahí los éxitos deportivos, de que internos, allí encerrados, dedicaban muchas más horas de "entranamiento", sin otras actividades mejores a las que dedicarse en sus plomizos fines de semana e interminables tardes reclusas. Por ejemplo, perseguir, hablar, ver, oler a las chicas, algo que les estaba, naturalmente, faltaría más, vedado tajantamente. En realidad no podían ni salir de aquellas dependencias, por lo que no es extraño que...

(Se está haciendo muy largo y tengo cosas aún en el tintero....NO SE PIERDAN EL SIGUIENTE CAPÍTULO. CONTINUARÁ..)

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5 comentarios

  1. Maite

    Desde luego, contigo no han conseguido someterte y alienarte ni politica ni religiosamente. Poco éxito, Diosssssss!!

  2. la kaki

    Aun no he podido leer del todo tu relato ,pués ...,!joder ,no veo !,pero acabo de acordarme ,que precisamente en este més, osea el dia 3 de noviembre fue tu cumpleaños y como dicen que nunca es tarde si la dicha es buena....Esa misma dicha ( es decir la buena ) es la que te deseo, no solo en ese dia, que aunque no te llamara ni te escribiera puedes estar bien seguro , te llevé, como cada dia de mi vida, en mi corazón.Te quiero cavestro.

  3. la kaki

    Que ya sé cabestro con B de burro.Un beso guapo.

  4. José Antonio

    Cabestro con B de Burro es Isidro, Kakota. Mi B es de Bondadoso y Bienpensante.
    Gracias por las felicitaciones, querida, yo también te llevo, os llevo, siempre, en el corazón, naturalmente.
    Un besazo enorme a la primera y la más grande de mis queridas hermanas, y a toda su casta entera.

    PS.-(Ella sabe que me ha llegado hasta el fondo de las entretelas esa manifestación de cariño que, aunque ya sabemos que nos profesamos, nunca está de más rearfirmarlo y decirlo. Y nos lo decimos poco.Debe ser porque nos vemos muy poco. Y eso a mí siempre me ha jodido mucho)

  5. Fray asperus

    ¿ Escribes por revelación ?

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