Cardona, las minas de sal, la claustrofobia...
Estuvimos visitando las minas de sal de Cardona, un pueblo barcelonés famoso entre otras cosas por esas minas de sal que hasta mil novecientos noventa habían sido explotadas durante miles de años, dejando como testigo esa suerte de laberinto de corredores, de infinitos pasillos rezumando sal, de una extraña belleza pero de una no menor inquietante sensación, al menos para mí, de malsana humedad, de peligro, que tuvieron que experimentar sin duda, los millones de desgraciados que, a través de los siglos, fueron explotando la montaña a la vez que eran explotados en ese, sin duda, inhumano, penoso, enfermizo trabajo....En eso estaba yo pensando cuando, provistos de cascos de albañil, y después de haber bajado hasta la boca de la mina en unos jepps especiales, nos introducíamos, con una guía, en el alma de la Montaña de Sal de Cardona...
Cuando hubimos avanzado unos cien metros y ya habíamos perdido a nuestras espaldas la boca de la entrada, pensaba yo, sin apenas oir las explicaciones fisico-geológicas de la guía, en lo terrible que tenía que ser trabajar tantas horas diarias enterrados en todos esos kilómetros de húmedos pasillos, lo terriblemente fría que debían ser en invierno aquella gigantesca tumba
, lo angustioso y horrible que debían ser los inevitables derrumbes... De golpe me dió, otra vez, esa sensación agobiante, inquietante, fóbica, a los lugares cerrados, a los lugares en los que se te antoja que no está muy clara la salida, que piensas que estás atrapado, y comencé a pasarlo mal, a querer salir de allí....Sin estridencias, sin romper la disciplina del grupo que atendía la, recitada de memoria, explicación de la guía, le susurré a Maite que me quería ir de allí, casi sin haberlo decidido pero deseándolo vehementemente, sin urgencias pero queriendo dirigirme hacia fuera de aquel sitio lo antes posible. La guía, seguramente acostumbrada a estos episodios, se hizo en seguida cargo de la situación y vino rápidamente hacia mí, aunque pude observar que, también rápidamente, se dió cuenta de que el caso no era tan grave como pensó en un principio, cuando Maite la llamó precipitadamente, y me dijo que saliera yo mismo por donde habíamos entrado, que ellos seguían hacia adelante. Pedí disculpas y me volví hacia la entrada....

En el corto trayecto que habíamos recorrido hasta ese instante ya habíamos tomado varios recodos y, la verdad, me comenzaba a urgir mentalmente el hecho de salir de allí de una vez...Muy bien, allí está la puerta, salvado, sólo faltan cincuenta, cuarenta, veinte metros....A medida que me acercaba, otra idea vino a intranquilizarme, ahora ya de una manera importante: Como las puertas de madera que se habían cerrado tras nosotros, supongo que para evitar corrientes de aire, no se pudieran abrir sencillamente con las manos cuando llegara hasta ellas, si estuvieran cerradas,si necesitara llamar a alguien o aporrear las puertas para salir, ya no iba a poder sostener con la mente por más tiempo la cada vez más desbocada y clara fobia, la tremenda necesidad de salir de allí a toda costa.....¡¡¡Pude abrirla con las manos¡¡ No había cerradura...En la entrada, otro grupo se disponía, ya con sus cascos blancos, a entrar en la mina. Me miraron extrañados, el guía me preguntó musitando si me encontraba bien, le contesté que sí, tratando de sonreir,de no intranquilizar a nadie,y me llené los pulmones del aire limpio y fresco del exterior. Fin del episodio.
No sé en qué grado tengo desarrollada la evidente claustrofobia, y si es más preocupante de lo que yo he estimado hasta ahora. Lo que sí sé es que,cuando se pasa, me embarga una sensación de tremendo cansancio, de desasosiego, que trato de neutralizar a base de distraerme, de reirme, de tomarmelo a broma....pero, también sé, que no es ninguna broma: Se pasa realmente mal, y entiendo, me hago cargo, de las sensaciones que llevan a la gente a través de la claustrofobia a los ataques de pánico que, afortunadamente, yo no he llegado a sentir aún....y eso, a pesar de que, una vez, y ya consciente de que claramente adolecía de esta fobia, me quedé encerrado en un ascensor....pero ésa es otra historia......

Bienvenido a mi blog, a mi casa, que es la tuya. Aquí iré poniendo cosas que me gusten de las que vea por ahí, o "vomitando" lo que a mí me salga de las tripas, o de las meninges, como le sale a esa simpática calabaza, y que no tiene que ser necesariamente ofensivo....
2 comentarios
Te parecerá bonito, con un buen puñado de años y montando el espectáculo en público. Ja! (Esta es la revancha por el berrinche de no haberte tenido en cuenta como AMIGO, AMIGO).
AMIGO!!! Que sí, que te entiendo. Yo tengo pocos miedos, (ni a la altura, ni claustrofobia, ni a los bichos) pero ODIO volar. Y lo hago más a menudo de lo que me gusta.
Así que las horas previas a mis viajes me las paso en proceso mental intenso para no llorar y agarrarme a la azafata a pedirle que me jure que todo va a ir bien.
Y la sensación de alivio al aterrizar... FIU!!! Podría besar el suelo!
Así que te entiendo, te entiendo...
Pobres los que allí trabajaran y sintieran la misma sensación. Qué vida más perra a veces...
UN BESOTE AMIGO! Que te tengo muy presente!
;-)
8 nov 2006 | 10:12 AM
1.- no te preocupes papa, la claustrofobia es un signo de inteligencia.....como la timidez extrema o las faltas de ortografia a los 30
2.- si sigues con claustrofobia en unos meses me vere obligado nal tratamiento de choque.....6 horas metido en mi lavabo
3.-que bella es manresa
8 nov 2006 | 04:59 PM
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