La Coctelera

Es imposible borrarse de la coctelera..

quiero borrarme de la coctelera

Saga, corregida y aumentada, parte II (bis-bis)

.../... conviene saber que la que iba a ser la mujer de José Vera Valencia y mi madre, Ramona Rodríguez, era la hija de Isidro Rodríguez,un trabajador en una fábrica de cerveza en Llerena, propiedad de un hermano suyo, y de una costurera de primera, mi abuela Carmen García.

No le fueron bien las cosas a esta rama de la familia, Mi abuelo Isidro cayó enfermo muy pronto, no tengo datos sobre la enfermedad en cuestión pero sí sé que murió a los 42 años, sobre 1941, dejando a la pobre costurera con cuatro hijos, la mayor, Milagros, con 18 años, mi madre,la segunda, con dieciseis y sus hermanos, Julián Y Remedios, unos críos pequeños.

No hay que esforzarse mucho para hacerse cargo de la situación en que quedó aquella familia: El año anterior había acabado la guerra, toda España se moría de hambre, no había trabajo, nadie tenía para cubrir las necesidades más básicas...y mi pobre abuela Carmen se queda viuda con cuatro hijos, las dos mayores chicas, en un país en que las chicas, ya de niñas, sobretodo en aquella España "profunda", habían nacido para estar encerradas en la casa paterna hasta que se les encerraba en otra casa, en la del marido. Mi tía Milagros, la mayor, que era muy guapa, teniendo en cuenta las circunstancias, se quitó pronto de en medio casándose con un campesino ALTO, FUERTE Y BASTANTE NOBLE, y de una familia vecina en el pueblo. UNA SUERTE PARA LA TÍA MILAGROS, AQUELLA PRECIOSA MUCHACHA, LA JOYA DE LA CORONA, QUE MANUEL, MANOLO EL "ROA", LA FAMILIA "ROA", SE LA LLEVARA A COMER PERDICES PARA SIEMPRE. La misma suerte que las margaritas deben sentir cuando son entregadas a los nobles porcinos para que se las coman, permítaseme la "verbigracia". (Permítaseme también la sutileza. Ésta no la he podido evitar)

Pero vayamos por partes.

Ahí tienes a mi abuela Carmen, dejándose los ojos, y la vida, cosiendo dieciséis horas diarias verdaderas maravillas para la mujer del señorito, "don Fernando" que le llamaban, el típico y ALTRUISTA, AL IGUAL QUE GENEROSO, SEÑORITO de pueblo típico español, todos los pueblos tenían un par de ellos, y que,DESINTERESADA Y CRISTIANAMENTE, daba "trabajo" a la mayoría de sus paisanos, eso sí, CON UNOS SUELDOS MUY DIGNOS Y BIEN REMUNERADOS. Don Fernando también cogió de aprendiz de albañil al hijo de Carmen, mi tío Julián, y le consiguió a mi madre el puesto de telefonista del pueblo. La pequeña, Remedios, se quedó en casa con su madre y así sería ya para siempre, incluso cuando se casó con el carpintero Manuel Fernandez (tengo un excelente recuerdo de mi tío Manolo, ManGOLo,que le llamaban de cuando era joven y jugaba al fútbol. De niño, me pasaba la jornada entera "trabajando" con él en su taller y de mayor nos pusimos muchas veces hasta las trancas de cerveza. Siempre lo he respetado y querido, incluso cuando caí en la cuenta de que no era superman. Superman no existe, por otra parte).

Poco a poco, muy poco a poco y a duras penas, a trancas y barrancas, fueron saliendo adelante. No hubiera sido así sin la inestimable ayuda de una prima ciega de mi abuela Carmen, Dolores se llamaba, que consiguió trabajo como vendedora de cupones y, con él, un apreciable sueldo que le vino a aquella familia como agua de Mayo, a cambio de estar recogida y formando parte de la familia. Aunque también aportó no pocos problemas: Cuando recuerdo los años que de niño pasé con mi abuela, lo primero que me viene a las mientes es la sesión diaria, al anochecer, del repaso de la venta de cupones: Había que cuadrarlo antes de entregarselo al delegado...y nunca cuadraba¡¡¡...Si te faltaban unas pesetas debías de ponerlas: Una tragedia. Mi abuela contaba que algunos desaprensivos engañaban a Dolores y le robaban. Cada noche se mascaba la tragedia con las dos, las cinco, ¡¡las diez¡¡ pesetas que le faltaban a Dolores...

Así transcurrían los días: Julián,(yo quería ser de mayor como aquel "dios" que iba en moto con su traje de pana de maestro albañil oliendo a yeso), fué creciendo en el oficio de albañil, y pronto se casaría con mi querida tía Amadora( nunca más sentiría tanto placer desayunando como cuando lo hacía en casa de mi tía Amadora (¿¿¿CHURROS Y GALLETAS MARÍA!!), mi abuela Carmen( la gran heroina familiar y una clueca adorable), a sus costuras y al cuidado y control de su prima Dolores (siempre nos quiso con locura Dolores, con aquella ciega locura), Remedios,(mi entrañable y esencial tía Remedios), ayudando a su madre, Milagros (apenas tuve contacto nunca con mi tía Milagros), ya casada con aquel NOBLE LABRADOR, y Ramona (mi vieja querida) a sus teléfonos.

Las temporadas que podía, Ramona se iba a una pequeña población rural, compuesta por una serie de cortijos, ocho o diez, todos juntos, y una especie de barrio de casitas de adobe, feas y pequeñas, donde vivían los trabajadores, segadores, gañanes, manijeros, de los dueños de los cortijos. Una pequeña escuela donde yo aprendí a escribir, a la vez que con las clases que por la noche mi madre les impartía a gañanes y pastores, y una más pequeña capillita, una Iglesia consagrada a San Isidro Labrador (éso no lo sabía el cabezón de mi hermano Isidro), completaban el "pueblo". Rubiales se llamaba.

José de Berlanga, Ramona de Llerena, se encontraron en Rubiales, ese desierto que se puede ver entre Valencia de las Torres,Higuera de Llerena y Maguilla.

Uno de aquellos cortijos era de mi abuelo que, aunque en trance de ruina, aún le quedaban tierras en propiedad e intentaba con gran esfuerzo la recuperación en aquel pueblo, trabajando aquellas tierras.(He estado mirando en Internet el pueblo de Rubiales y, tiene cojones, actualmente es un paraiso del Turismo Rural, a base de llevar durante unos días a cuatro urbanitas "aventureros" a los cortijos que aún siguen en píe, para hacer el ganso mirando como labran la tierra los herederos, o no, de aquellos campesinos que tanto la sudaron y tan poco sacaron de ella.)

Otro cortijo era de los "Roa",cuyo hijo Manolo, Manolo el "Roa", se había casado con la hermana de mi madre, la tía Milagros.

En aquel pueblecito, en aquellos cortijos vecinos, fué donde Ramona conoció al que luego sería su marido, un recién enviudado José Vera, y que seguía al lado de su padre intentando salvar de la quema lo que pudieran, ayudados por algunos hombres que seguían con ellos más por lealtad que por, me imagino, el inexistente salario.

La pareja está a punto de formarse. Me los imagino viendose subrepticiamente, disimulando, caminando por el "Lejío", por "Matasanos" (me suenan esos nombres), una especie de riachuelo que corría cerca del pueblo y en el que malvivían los pocos árboles que se podían observar en aquel desértico paraje de aquella Extremadura pobre y exhausta. El agua potable salía de un único pozo en todo el poblado, "el pozo de José Vera", llamado así porque fué construído por mi abuelo y del que hizo partícipe a todo el pueblo.

He visitado el lugar varias veces a través de los siguientes cincuenta años y allí, aunque Extremadura toda ha experimentado un cambio a favor en cuanto a regadios, ya no hay ni riachuelo ni árboles, aunque sí que siguen en activo varios de aquellos cortijos.(Algunos, ahora, como Casas Rurales). En el que fué de mi abuelo, aún se podían ver hace apenas cinco años los muros caídos, y se podía ejercitar el recuerdo mirando las hundidas dependencias en donde mi hermano Isidro y yo, los demás ya no vivieron allá, pasamos felizmente los primeros años de nuestra vida.
(Uno de aquellos cortijos en la actualidad).

Estamos en los años cincuenta, mi abuelo ya no aguanta más, la ruina es galopante, hace metástasis, hay que desalojar..

¿Quién nos dió la fatal noticia?: El tío Enrique, casado con una hermana de mi padre, mi tía Fermina, UN PROBO Y HONRADO FALANGISTA, CONSERVADOR EN LA ZONA DE LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL GLORIOSO MOVIMIENTO NACIONAL DEL GENERALÍSIMO DE TODOS LOS EJERCITOS, DON FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, ¡¡¡PRESENTEEEE!!!, SECRETARIO QUE ERA DE LOS AYUNTAMIENTOS DE LA ZONA Y QUE, EN LOS RATOS LIBRES, EJERCÍA DE ADMINISTRADOR DE FINCAS.

Él se llevó a su casa a mi abuelo, ya enfermo y acabado, a pesar de que el anciano mostraba interés en irse con su hijo José, mi padre. Lo cuidó celosa y generosamente, SOLUCIONÓ la ruína familiar y les comunicó a sus cuñados, mi padre y mi tío Miguel, que allí no quedaba nada y nada les tocaba a cada uno.

Y nada dijo mi padre. Ni mi tío Miguel.

Cogieron a sus familias, y después de un periplo bastante angustioso buscando trabajos más o menos precarios, nosotros vivimos en tres o cuatro pueblos distintos en otros tantos años, recalaron con sus familias uno, mi tío Miguel, en Madrid como portero de un edificio, en la vivienda del portero que entonces se estilaba, y el otro, mi padre, como obrero de una Refinería de Petróleo que el dictador había puesto en un cercano pueblo de una provincia cercana: Puertollano, en Ciudad Real.

¿Mi tía Fermina y su marido, Enrique el falangista?: Muy bien, gracias: La suerte les sonrió y ellos sí que pudieron quedarse en su tierra, sus hijos pudieron estudiar maravillosamente, no cabe duda que el probo funcionario supo ahorrar y administrar su humilde salario de funcionario del Estado e invertir en su familia el fruto de sus esfuerzos.

Pero, volvamos a lo que interesa: Tenemos en capilla, se van a casar, se quieren en medio de aquellos rastrojos, surge en el desierto de Rubiales una bonita historia, germina la rama buena de una familia que va a ser buena, la mejor familia del mundo, compuesta en ese momento por el viudo excombatiente de Berlanga, de unos treinta años, y la telefonista de Llerena, de unos veinticinco.

Continuará......

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