La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

Derechos Humanos de los Grandes Simios

Manolo Saco, un gran periodista que tiene su blog instalado en el diario 20Minutos, hace mención en uno de sus artículos a la reacción de los ignorantes, o sea, los peperos, gente de la Cope y cuatro despistados cabestros más, ante la noticia de que el grupo socialista iba a solicitar derechos humanos para los gorilas, y nos aclara algunas de las cualidades contrastadas de estos primos hermanos nuestros. Los gorilas, no los cabestros. Al final, una vez más, los que se quedan con el culo al aire ante los rezonamientos no son, curiosamente, ni los gorilas ni los socialistas, si no los propios cabestros ignorantes. Os dejo con Saco, que a mí me da la risa:

Unos descienden del mono, y otros, del púlpito.

Al instante de leer el titular periodístico “El Grupo Socialista solicitará derechos fundamentales para los grandes simios argumentando su parecido con los humanos” supe lo que les iba a caer encima. Entré en la web de 20 Minutos para curiosear los comentarios, y debo reconocer que jamás había leído nada tan previsible. Si el argumento central de los nacionalistas vergonzantes es que primero hay que conseguir un puesto de trabajo para todos los españoles, antes de regular el estado laboral de los inmigrantes, lo que podían pensar de los monos era de libro: “¿cómo se puede pedir derechos fundamentales para los simios si millones de seres humanos todavía no los disfrutan?”

Como decía el poeta, la historia y la morcilla de mi pueblo se repiten. Cuando la teoría de la evolución de las especies de Darwin ganó el respaldo de la sociedad científica, la otra sociedad, la ignorante, se apresuró a ridiculizarlo, incapaz de soportar la posibilidad de que el ser humano pudiese ser el resultado de la evolución y llevar en su sangre las huellas de un chimpancé. Ahora, hasta un arzobispo, como el de Pamplona, capaz de creer sin rubor en la existencia del diablo, o que un trozo de pan y un poso de vino se convierten en cuerpo y sangre de un dios tras pronunciar unas palabras mágicas, se permite ridiculizar la idea de que los simios puedan tener derechos reconocidos : “el Gobierno no concede derechos de persona a los niños sin nacer y se los va a conceder a los simios”.


Basta con verle la mirada para saber que tiene más cosas que decirnos, mejores cosas que aportar a la humanidad que, por ejemplo, Zaplana.

Las religiones monoteístas llevan tantos siglos contándonos la milonga de que el hombre es el rey de la creación, que los feligreses se han olvidado de que son animales, con un sistema circulatorio, un cerebro, una arquitectura de huesos y músculos que consumen oxígeno para desarrollarse, que cagan y mean, y que se aparean gimoteando como los bonobos, y que mueren y se descomponen como el resto de la vida vegetal y animal. Entre los hitos de mi infancia recuerdo vívidamente cuando tomé conciencia de que yo también era un animal (bastante animal, según mi padre). Tendría unos siete años y para mí fue un descubrimiento intelectual extraordinario, después de tantos años de escuchar desde el púlpito que la humanidad era otra cosa, tenía un alma y formaba parte de un proyecto divino que al día de hoy todavía no comprendo. Que compartiéramos tantas coincidencias con los animales (los otros) era una cuestión menor, completamente desechable en la concepción homocéntrica del Universo.

Así que, fijado el concepto de que el hombre (la mujer menos, como sabéis) es el centro de los planes divinos, el que haya gente que llore cuando se le muere el perro o el gato o el caballo es una perversión del espíritu digna de ser ridiculizada por las mentes más sensatas. Y no digamos nada de los que osen pedir una vida más digna para los animales que comparten con nosotros el 97% de la carga genética. Si los periódicos de la época poblaron sus páginas con caricaturas de Darwin con apariencia simiesca, estoy imaginando las próximas caricaturas de Zapatero compartiendo jaula con los monos.

La idea retomada por los socialistas procede de un grupo de científicos que pretenden la aprobación de una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides, entre ellos los chimpancés, los gorilas, los bonobos y los orangutanes. Por su página web he sabido que estos parientes nuestros sin alma “tienen su propia cultura, son capaces de trasmitírsela a sus hijos, conversan entre ellos, tienen pensamientos privados, imaginación, recuerdos temporales, autoconciencia, empatía, capacidad de engañar, curiosidad, sentido del humor, sentido del tiempo, consciencia de la muerte, y son capaces de mantener una amistad que dure toda la vida”.

Pues os diré la verdad, a mis amigos apenas les exijo la mitad de esas habilidades para conservar mi amistad y cariño.

3 comentarios

  1. Maite

    ¿Cómo puede alguien mirar a los ojos a uno de estos animales sin reconocerse un poco? Tienen una mirada inteligente, bondadosa y expresiva. Hay muchos humanos que no llegan a eso.

  2. José Antonio

    Aún dura el cachondeo que se montó cuando Darwin expuso su teoría de la evolución. El propio mono de la etiqueta de "Anís del Mono",lleva la cara de Darwin con la leyenda: "Es el mejor. La ciencia lo ha dicho y yo no miento" , anagrama que un avispado comerciante catalán copió de las caricaturas que, en todo el mundo, se hacían del científico para ridiculizarlo....
    Está claro, cariñi, que quien no sepa ver en ésa mirada a su abuelo es porque, y eso se le escapó a Darwin, desciende del burro, animal con el cerebro infinitamente menos dotado.

  3. juan carlos

    aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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