La Coctelera

Es imposible borrarse de la coctelera..

quiero borrarme de la coctelera

A ver si es verdad

Si lo fuera, el anuncio de ETA es la noticia española más importante de los últimos cuarenta años. A ver.

compártelo Categorías: Política

2 comentarios

  1. maite

    Es verdad. Hoy es un gran día. Esperemos que para siempre sea recordado como el primer día del fin definitivo de ETA, pero.... Estoy todo el día oyendo la radio y viendo la tele (no al mismo tiempo) y no para la gente de repetir que seamos prudentes. Muy bien: que los políticos sean prudentes, que los periodistas sean prudentes, pero yo no. No me da la gana. Hace muchos años, prácticamente toda mi vida, que vivo con ETA y estoy muy contenta si por fin, como espero, se acaba. Muy contenta. Ha sido una gran alegría la de hoy. Viva!!!!!!!!!!!!!!!!

  2. José Antonio

    El maestro Escudier dixit:

    Sin guerras no hay medallas

    Para quienes son capaces de interpretar en clave de conspiración cualquier hecho acontecido desde el 11 de marzo de 2004, el alto de fuego declarado por ETA es una pieza central en la maquinación para acabar con la nación española y cambiar subrepticiamente de régimen. En esta trama universal, ETA habría colaborado activamente en la derrota electoral del PP para, ya con el PSOE en el Gobierno, tutelar el Estatuto de Cataluña –presumiblemente a través de Esquerra-, conseguir su reconocimiento nacional y desbrozar así el camino para la independencia de Euskadi. Zapatero, un flojo que nunca dice ‘no’ para mantenerse en el poder o una mente perversa al servicio de la desintegración del Estado –elíjase lo que más convenga-, sería el instrumento activo de esta conjura.

    Así, mientras esa legión de incautos que constituimos el resto de la humanidad observamos con esperanza la posibilidad de terminar de una vez por todas con el terrorismo, los conocedores de la confabulación planetaria contra la indivisible democracia española vaticinan ya la hecatombe. Hoy más que nunca, la suerte estaría echada.

    En un proceso como el que se avecina, tan largo que, de fructificar, es posible que un solo Gobierno no lo vea concluido, cabría esperar que las grandes piedras en el camino fueran arrojadas por los encapuchados, y entre ellos, por los más reticentes a sustituir las pistolas por las palabras. Pero, a medida que algunos cambian el rictus y el paso para adaptarse a la nueva realidad, no hay que descartar obstáculos inesperados. Clarividente como pocos, el fallecido teniente general Sáenz de Santamaría ya se lo advertía a Juan María Bandrés cuando ambos trataban de la disolución de ETA Político-Militar: “Es fácil que todo se vaya al traste porque sin guerra no hay medallas”.

    A los que vivimos ajenos al complot sideral y a los bienintencionados en general nos parecería inaudito que el principal partido de la oposición se dedicara a poner zancadillas al Gobierno en virtud de unos cálculos electorales que, además y en vista de los acontecimientos, deben de estar rehaciéndose a toda prisa por si al “bobo” de Zapatero le sale bien la jugada y protagoniza en solitario el final de ETA. Aunque tampoco hubiera estado de más que las apelaciones que el presidente del Gobierno lanzó a Rajoy el pasado miércoles –“tengo confianza en ustedes, que han luchado mucho por el fin de terrorismo, que han sabido mantener principios de libertad y principios de la democracia y de la Constitución”- se hubieran producido mucho antes y con cierta reiteración.

    A los ingenuos, a los que no somos capaces de ver por ninguna parte vínculo familiar, afectivo o ideológico entre Josu Ternera y Zapatero, nos parece hasta bien que el Gobierno tuviera información de primera mano sobre las intenciones de ETA y que no haya tenido que ser un enviado de Arzalluz el que diera el queo sobre la tregua a Loyola de Palacio en una Salve de Azcoitia, para que ésta a su vez se lo dijera a Aznar, como ocurrió en 1998.

    Tan candorosos somos, que no se nos ocurre pensar que el presidente del Gobierno, elegido democráticamente, sea un enajenado que haya pactado la entrega de Euskadi y Navarra a Otegui para que las autodetermine a ritmo de txistu. Opinamos, en cambio, que le anima la esperanza de terminar con una banda que lleva 40 años sembrando el país de muertos. Algunos, incluso, no sólo entendemos que lo intente sino que le concedemos de antemano el derecho a estar equivocado.

    Estamos convencidos además de que el alto el fuego permanente de ahora es mucho más que la tregua indefinida de hace ocho años, y no sólo porque la debilidad de ETA es infinitamente mayor y el hartazgo de la sociedad, especialmente de la vasca, sobrepasa ya cualquier límite. Lo es porque, al menos formalmente, no se guarda la pistola en el cajón con la amenaza de sacarla después sino que se renuncia expresamente a apretar el gatillo. ETA puede estar mintiendo, pero lo más probable es que sea finalmente consciente de su propio anacronismo.

    Los que nos resistimos a considerar siquiera que estamos rodeados de traidores, esto es, de socialistas sin escrúpulos dispuestos a repartir España en pedazos por simple estulticia, vemos en los comunicados de ETA el pico de una bandera blanca, de una rendición en toda regla. Puestos a suponer, en nuestra simpleza, podemos llegar a pensar que los terroristas pueden volver a matar llegado el caso, pero no que nuestro Gobierno vaya a pasarse la ley por el arco del triunfo, ni a hacer avioncitos de papel con la Constitución, ni a poner mañana mismo en la calle a los asesinos, ni a burlarse del dolor y la memoria de quienes han sufrido sus crímenes.

    Este batallón de infelices tampoco alcanza a imaginar que el negocio en el que se ha convertido la protección a los amenazados pudiera interponerse en el camino de la paz, o que haya alguien tan miserable que anteponga el coche y la escolta oficial al sufrimiento de quienes se han pasado media vida mirando los bajos de su vehículo. Ni siquiera se pregunta a qué se dedicarán los que han basado en la existencia de ETA su discurso político y hasta sus fuentes de ingresos.

    No se puede pagar un precio político para que ETA desaparezca, en efecto, pero sí habrá que dejar que la política tenga su papel. Nunca ha sido tan necesaria la unidad de los dos grandes partidos nacionales. Hacemos votos para que nadie quiera colgarse medallas que no les corresponden. Será señal de que la guerra ha terminado.

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