La Coctelera

Es imposible borrarse de la coctelera..

quiero borrarme de la coctelera

Cabestros y MAMPORREROS

Puede que sea el lógico excepticismo de estas edades o, estoy dispuesto a admitirlo, el sentimiento de los "no triunfadores económicos" de la vida, entre los que me incluyo no sin cierto orgullo de clase, pero al hacer balance del metafísico "quienes somos, a dónde vamos, de dónde venimos", uno no puede si no concluir que, tanto si divides la vida en la lógica secuencia temporal de infancia, adolescencia, juventud y madurez, o si lo haces en fascículos de contenido como la vida laboral, las relaciones de amistad, las amorosas, la política, la interpretación de la historia, del concepto de intelectualidad,etc., etc., uno concluye, decía, en que, sálvese quien pueda, somos una especie de Frankenstein de influencias no siempre bien filtradas, de imposiciones mentales desde la infancia que no siempre sabemos sacudirnos, de posturas apriorísticas absurdas ante casi todo, de actitudes que, a poco que la analizáramos con una inteligencia media, no hace falta una superior, demuestran que somos una amalgama de frases hechas, posturas dictadas, tendencias orientadas por otros, de costumbres, religiones, tradiciones enseñadas, heredadas, transmitidas incluso a nuestro pesar y que seguimos y transmitimos a nuestros hijos y a quienes nos rodean, algunas aunque nos parezcan anacrónicas y vacias, cuando no sencillamente repugnantes. Eso en el caso de que tengamos la capacidad de ver que, efectívamente, son anacrónicas, vacias y repugnantes, porque sucede también que, aunque teóricamente es fácil sacar la conclusión de que lo son, no siempre lo apreciamos y nos pasamos la vida haciendo el CABESTRO, ya se sabe, ese simpático buey de sangre mansa que, adiestrado por los amos, los dueños del cotarro, asumen sin reservas, dócilmente, las normas impuestas y, lo que es peor y doloroso, son usados para conducir "por el buen camino", por el camino establecido, a los más bravos de los de su especie, a los que no tienen tan claro que lo establecido sea tan incuestionable. Al final, los dueños del cotarro siempre ganan: Los cabestros son, somos, mayoría y se lo ponemos muy fácil.
En este orden de cosas, hay una figura que para mí, junto con el cabestro simple, ha de figurar en este, nada científico ni exhaustivo estudio-homenaje: El MAMPORRERO, término que me consta que es conocido popularmente, aunque no figure aún en las enciclopedias.
Pero no me quiero referir al mamporrero tanto por su acepción popular: señor que tierna pero firmemente (ver fotografía), sujeta el miembro viril de, por ejemplo, el toro, para ayudar a introducirlo convenientemente en la vagina de la vaca, cuanto por glosar la figura del cabestro-mamporrero, aquel que además de cabestro "per se", poseído por un entusiasmo digno de mejores causas, encuentra tiempo entre sus actividades para ejercer también de mamporrero y se las arregla para eso, para ayudar activamente a que unos jodan a otros, el poderoso al currito, por ejemplo, de la mejor manera posible.
Me he encontrado muchos cabestros en la vida, la mayoría lo somos, unos más que otros, y también, aunque menos, grandes ejemplares de cabestros-mamporreros que, muy lejos de estar en extinción, proliferan entre nuestros políticos, periodistas, encargados de almacén, jefes de negociado, parroquianos del bar de la esquina, árbitros de fútbol, filatélicos, azafatas de congreso (homenaje al maestro Sabina)...Están en todas partes y son peligrosos.
Iré trayendo a este escaparate algunos cabestros, algunos mamporreros, para homenajearlos como se merecen.
Un ejemplo de cabestro-mamporrero, de la especie más repugnante:

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