La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

Categoría: Temas de salud

Lecciones de vida

"Randy Pausch, un especialista en realidad virtual y prestigioso profesor de la universidad Carnegie Mellon, impartió su última lección magistral ante un auditorio de 400 alumnos el pasado septiembre. Dijo: “Mi padre solía decir que si hay un elefante en la habitación, hay que presentarlo. Pues bien, si pueden ver mis radiografías, tengo diez tumores en el páncreas”...

A mí me sirve la lección de este hombre. Me ha impresionado su valentía y el mensaje-herencia que le quiere dejar a sus tres hijos.... a todo el mundo:

(El vídeo dura diez minutos, pero merece la pena....Yo lo he visto tres veces seguidas)

Fuente: Radiocable

¿Cirugía, photoshop...?

Ímpresionante "operación" con Photoshop....:

¿Cirugía estética, photoshop?....Cada día la gente se agarra más a los clavos ardierdo de la apariencia, aunque sea operada, retocada, somos más prisioneros de la imagen física, de las modas, y a menudo nos olvidamos que la verdadera belleza está en el interior, que lo que nos tenemos que retocar a base de intelecto es la dignidad, la personalidad, el estar a gusto en el propio cuerpo porque lo estamos con nuestra propia psiquis, de donde hemos desterrado, o lo intentamos ardorosamente, los complejos, los traumas,las fobias, todos los lastres negativos e insustanciales..
Luego, sólo falta rodearse de gente que también le hayan dado matarile mental a la superficialidad, que no sean esclavas de las "estéticas" físicas tal y como nos las venden, que hayan evolucionado como personas....A los demás, los contaminados por lo intrascendente de las modas anoréxicas y del papanatismo de los programas de "cambios radicales", que se las pique un pollo o se la machaquen con dos piedras. Ya es igual, han perdido la batalla. El día que, inexorablemente, envejezcan, que se les arruguen hasta los retoques, que se les arrugarán, no lo podrán soportar. Lo que pueda disimular la cirugía o un programa de photoshop,como el del video de ahí arriba, es insignificante, no sirve..... A ver si nos enteramos.

(Video visto en Pixel y Dixel)

PS.- Cuidadín con las fotos que te manda tu amigo/a virtual, jajjaa¡¡

Gastroenteritis

Desde hace unas 24 horas, después de un fin de semana de que te cagas de guay y maravilloso en el Ampurdán, algo me ha debido sentar mal, quizás sea vírico, pero lo cierto es que no tengo tiempo nada más que para mi amigo Roca, víctima que soy de una gastroenteritis aguda y criminal que, por momentos, he creído que todo yo me iba a convertir, ora en bilis, ora en líquida caca.

Si, ya, jajaja, jijiji...Ya me gustaría ver si te reirías tanto si tuvieras esta tremenda descomposición....

(Por ahí anda la cosa, por ahí...)

PS.-Sirva también como aviso a mis amigos del por qué tengo esto tan abandonado.
Perdón, excusadme, me voy al excusado...

Cardona, las minas de sal, la claustrofobia...

Estuvimos visitando las minas de sal de Cardona, un pueblo barcelonés famoso entre otras cosas por esas minas de sal que hasta mil novecientos noventa habían sido explotadas durante miles de años, dejando como testigo esa suerte de laberinto de corredores, de infinitos pasillos rezumando sal, de una extraña belleza pero de una no menor inquietante sensación, al menos para mí, de malsana humedad, de peligro, que tuvieron que experimentar sin duda, los millones de desgraciados que, a través de los siglos, fueron explotando la montaña a la vez que eran explotados en ese, sin duda, inhumano, penoso, enfermizo trabajo....En eso estaba yo pensando cuando, provistos de cascos de albañil, y después de haber bajado hasta la boca de la mina en unos jepps especiales, nos introducíamos, con una guía, en el alma de la Montaña de Sal de Cardona...

Cuando hubimos avanzado unos cien metros y ya habíamos perdido a nuestras espaldas la boca de la entrada, pensaba yo, sin apenas oir las explicaciones fisico-geológicas de la guía, en lo terrible que tenía que ser trabajar tantas horas diarias enterrados en todos esos kilómetros de húmedos pasillos, lo terriblemente fría que debían ser en invierno aquella gigantesca tumba
, lo angustioso y horrible que debían ser los inevitables derrumbes... De golpe me dió, otra vez, esa sensación agobiante, inquietante, fóbica, a los lugares cerrados, a los lugares en los que se te antoja que no está muy clara la salida, que piensas que estás atrapado, y comencé a pasarlo mal, a querer salir de allí....Sin estridencias, sin romper la disciplina del grupo que atendía la, recitada de memoria, explicación de la guía, le susurré a Maite que me quería ir de allí, casi sin haberlo decidido pero deseándolo vehementemente, sin urgencias pero queriendo dirigirme hacia fuera de aquel sitio lo antes posible. La guía, seguramente acostumbrada a estos episodios, se hizo en seguida cargo de la situación y vino rápidamente hacia mí, aunque pude observar que, también rápidamente, se dió cuenta de que el caso no era tan grave como pensó en un principio, cuando Maite la llamó precipitadamente, y me dijo que saliera yo mismo por donde habíamos entrado, que ellos seguían hacia adelante. Pedí disculpas y me volví hacia la entrada....

En el corto trayecto que habíamos recorrido hasta ese instante ya habíamos tomado varios recodos y, la verdad, me comenzaba a urgir mentalmente el hecho de salir de allí de una vez...Muy bien, allí está la puerta, salvado, sólo faltan cincuenta, cuarenta, veinte metros....A medida que me acercaba, otra idea vino a intranquilizarme, ahora ya de una manera importante: Como las puertas de madera que se habían cerrado tras nosotros, supongo que para evitar corrientes de aire, no se pudieran abrir sencillamente con las manos cuando llegara hasta ellas, si estuvieran cerradas,si necesitara llamar a alguien o aporrear las puertas para salir, ya no iba a poder sostener con la mente por más tiempo la cada vez más desbocada y clara fobia, la tremenda necesidad de salir de allí a toda costa.....¡¡¡Pude abrirla con las manos¡¡ No había cerradura...En la entrada, otro grupo se disponía, ya con sus cascos blancos, a entrar en la mina. Me miraron extrañados, el guía me preguntó musitando si me encontraba bien, le contesté que sí, tratando de sonreir,de no intranquilizar a nadie,y me llené los pulmones del aire limpio y fresco del exterior. Fin del episodio.
No sé en qué grado tengo desarrollada la evidente claustrofobia, y si es más preocupante de lo que yo he estimado hasta ahora. Lo que sí sé es que,cuando se pasa, me embarga una sensación de tremendo cansancio, de desasosiego, que trato de neutralizar a base de distraerme, de reirme, de tomarmelo a broma....pero, también sé, que no es ninguna broma: Se pasa realmente mal, y entiendo, me hago cargo, de las sensaciones que llevan a la gente a través de la claustrofobia a los ataques de pánico que, afortunadamente, yo no he llegado a sentir aún....y eso, a pesar de que, una vez, y ya consciente de que claramente adolecía de esta fobia, me quedé encerrado en un ascensor....pero ésa es otra historia......

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