La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

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Seminarios Bajo el "Régimen" ( Y II )

....Las chicas, el mundo, no existian. Por lo que no es extraño que pasaran las cosas que pasaban dentro de aquel recinto.
Aunque antes de lo puramente humano quiero hacer una reflexión de tipo más sociológico:
Por una serie de circunstancias, desde luego ajenas a aquella comunidad religiosa y al entorno político, dictatorial, de la época, aquel grupo social, el de los doscientos chavales, en aquel o en cualquier otro centro similar, era como una especie de laboratorio social, un microclima humano que, por sus circunstancias, degenaraba en una especie ejemplar de socialismo ideal, de democracia perfecta, horrorosas palabras para los prebostes de aquel momento, que trataré de explicar:
El denominador común de aquellos niños de la postguerra que acababan en aquellos internados era la pobreza, de modo que era muy raro que allí acudiera nadie, algún caso había, que no fueran desheredados de la fortuna. Siendo esto así, ninguno partía apriorísticamente con ningún privilegio de clase, todos partían de la nada, nadie era nadie, por no tener no tenían ni los más elementales derechos individuales, el dictador se los había quitado a todo el país, y gozaban todos del mismo interés o la misma indiferencia, por parte de los responsables religiosos de aquel convento seminario. Así que, y salvo los casos de índole "amorosa" que insinuaba antes, en los que algún fraile se enamoraba de alguno de los más guapos adolescentes, los chavales, como abandonados a su suerte en una isla desierta, destacaban y alcanzaban mayores cuotas de liderazgo por sus aptitudes y actitudes, por su entereza o carisma, por su valía personal, o no destacaban. Modelo de sociedad que, yo quiero llamar socialista, desde luego de izquierdas, seguro que natural y puramente democrática y que aquel chico no ha vuelto a contemplar lejos de aquel microclima: Allí se podían dar toda la gama de perfiles de la sociedad exterior: los duros, los pusilánimes, los espabilados que se las arreglaban para tener su propia despensa, las "beatas" que con doce años se creían, y ejercían, todas las patrañas religiosas que les vendían aquellos vendedores de patrañas y se pasaban el día rezando, y los inadaptados, y los tiburones que robaban y extorsionaban a sus compañeros, y los solidarios y buena gente, toda una minirepresentación de la sociedad, de todas las sociedades...Pero era impensable que nadie que no tuviera caracter, valía personal y, desde luego, carisma entre la mayoria de aquella comunidad, que no se los ganara en buena lid, que no consiguiera el respeto del "pueblo", de los buenos y de los duros, de una forma directa y personal, sin las trampas de la democracia actual o de la dictadura de entonces, en las que un partido o un sátrapa te pueden poner a gobernarlo todo a pusilánimes estúpidos como Acebes, o becerros faciosos como Fraga, por ejemplo, allí era imposible que esa clase de individuos gozaran de ninguna clase de liderazgo reconocido. Eso había que ganarselo. Y entonces sí que, el que se lo ganaba, gozaba del reconocimiento, de la entrega, de la consideración respetuosa de la mayoría, de los más dóciles y de los más malos o inadaptados, que todos necesitaban estar bien con el poder a la sombra, ajeno a los frailes, para vivir medianamente tranquilos. Y se establecía, de forma natural, unos liderazgos perfectamente reconocidos por todos que, incluso, algunos de aquellos chicos bendecidos por ese liderazgo natural, hacían de jueces entre las partes litigantes cuando se producía algún desencuentro, y sus "sentencias" eran respetadas y acatadas "religiosamente" sin que los frailes intervinieran ni llegaran a saber.
Aquello era democracia y socialismo en estado puros, porque no había mayores compensaciones que las morales y las decisiones las tomaban los que, de forma no manipulada ni violenta, sino establecida por la naturaleza, ejercían el liderago del grupo, el liderazgo que el grupo les había otorgado de forma natural, liderazgo que, por otra parte, el grupo no se lo entregaba a los más violentos, sino a aquellos de entre los que ejercían mejor camaredería en general, pero que fueran capaces, además, de frenar y mantenre a ralla a esos violentos. La pena es que se trataba sólo de un pequeño laboratorio imposible de exportar al exterior, insignificante, casual, un grano de arena en el desierto. La realidad del mundo, años después, le demostraría al chico que pueden mandar y destacar socialmente los malos, los violentos, sin nadie que lo impida, gente como Bush, gente como Aznar, gente como el banquero Botín, cualquier empleaducho trepa y pelotas y con enchufe, personajes egocéntricos, ruines, megalómanos, sin mayores méritos que ser o estar entre los poderosos en dinero, en influencias, en corrupción, que en aquel seminario sólo hubieran cosechado enemistades, rechazos y el boicot de la mayoría, unos por chulos y engreídos, otros por usureros, belicistas o liantes.
Esto era así todo el tiempo, menos en las épocas en que uno de los frailes se enamoraba de alguno de los más guapos de aquellos adolescentes. Ahí se rompía el equilibrio natural y la natural democracia del microclima conventual degeneraba en dictadura braguetera, casi peor que bananera:
Era normal ver a frailes que besuqueaban, que mordían "cariñosamente" las orejitas de los chicos en el confesionario o "adoptaban" con toda suerte de privilegios a los muchachos que por su belleza imberbe les podían recordar a lindas muchachas. La represión sexual a la que habían sido sometidos aquellos desgraciados era brutal, y establecían con ellos una especie de noviazgo, que si bien los chicos ya lo apercibían entonces, ha sido después, al recordarlo con los años, cuando cayeron en la cuenta de que era así de claro y así de grotesco. No por homosexual, por supuesto, si no por que se trataba de señores de más de treinta años que habían profesado el voto de castidad e inocentes imberbes de trece o catorce años. ¿Inocentes?. Sí, sin duda, pero, en esas temporadas, el mando general lo tomaba el eventual, los eventuales afortunados adolescentes elegidos como "favoritas" que, grandezas del ser humano, conscientes de su ascendencia sobre el pobre cura enamorado, algunos no se cortaban y ejercían el amancebamiento cual soberbia favorita de algún harén y lo manifestaban permitiendose atrevidas e impensables, incluso para los más valientes, licencias de indisciplina y escenas de sadismo y desprecio público con el pobre cura que, si fuera algún otro el que lo hiciera, habría sido duramente castigado, si no expulsado. Algunos de aquellos imberbes, cuando les tocaba, ejercían de favoritas canalizando a través de sus, llamémosles novios, todas las putaditas que se les ocurrieran contra todos los que tuvieran la desgracia de contarse entre sus enemigos en ese momento. Y el pobre diablo del fraile, al fín y al cabo enamorado, lo consentía y ejecutaba sus mayores atropellos contra los enemigos de la "favorita".
El protagonista de esta historia nos ha confesado que no cree que aquellas evidentes relaciones entre niños y curas pasaran de algo más que unas "manitas" y cuatro besos, está seguro que en la mayoría de los casos no pasaba de eso, era mucha su represión sexual para llegar a otros extremos, digamos más profundos, en su relación sin duda sexual con aquellos chicos, que podría calificarse de platónicas, aunque también de grotescas y semipedófilas, pero aquellos pobres curas no hubieran tenido capacidad mental para soportar sin volverse locos relaciones sexuales más intensas y definidas, ni siquiera con personas del sexo contrario. Pero fueron muchos casos para poder hablar de casualidad o de hechos aislados los enamoramientos,affaires y favoritismos, precisamente con los adolescentes más agraciados fisicamente o que más podían recordarles a las chicas que nunca disfrutaron. Algo que pasaba también entre los chicos, entre muchos de ellos, habían hasta "celestinas" encargadas de establecer los lazos indispensables para comenzar el romance, simpre platónico cree el muchacho, aunque eso pudiera considerarse algo normal, dentro de la anormal y reprimida formula de educación a la que estaban siendo sometidos y entendiendo que, en sus devaneos semihomosexuales, sólo estaban ejercitando, a falta del poder hacerlo con chicas, sus incipientes deseos emocionales y canalizando, de la única manera posible en aquel agujero, su sexualidad. Había de todo, pero en los últimos cursos, en el de los chicos de quince a dieciocho años, el ambiente "homo" estaba axfisiantemente presente, demasiado presente para los chicos, como nuestro héroe, que tenían claros planteamientos puramente heteros, que sus opciones, intactas y sin desarrollar, estaban lejos de aquel perverso por injusto, homo por necesidad, pero injusto e inmerecido encierro, de aquel convento. Dicho lo cual, y por si no queda claro en las explicaciones, manifestar que ni entonces ni ahora, el muchacho tuvo nada contra las opciones sexuales distintas de las suyas, pero hay que tener en cuenta que allí se estaba estudiando para cura católico y aquello le chocaba sobremanera y le llegó a producir cierta claustrofobia emocional.
En esas temporadas, y hasta que las favoritas iban siendo "repudiadas", el equilibrio social natural devenía en dictadura, "vendettas" y persecuciones de cualquiera que se pusiera en la línea de tiro, sin importar el peso específico que la victima tuviera en aquella sociedad, algo que se resolvía cuando, repudiado, el pobre adolescente tenía que volver, ya sin sus privilegios, al redil. El pueblo, los demás chicos, los líderes naturales, le juzgaban de alguna forma y le cobraban sus abusos de cuando ejercía el "poder" sometiéndole a las más diversas vejaciones, dependiendo de lo "malo" que hubiera sido cuando gozaba de los favores del poderoso fraile enamorado.
Esa perversión social, clara y contundente y que era perfectamente apreciable a los ojos de aquel chico, ya con quince años, y la "costumbre" educativa, entonces normal pero siempre insoportable, que practicaban algunos de aquellos frailes y que consistía en la represión a hostias , palizas públicas a bofetada limpia, humillantes y escandalosas que, si bien a él apenas le tocó, pero que le podía tocar a cualquiera por cualquier cosa, el muchacho cada vez contemplaba con mayor rebeldía, casi irrefrenable ira, le restan idilio al idílico y bonito recuerdo, por todo lo demás, que el muchacho tiene de aquellos años.
Recuerdos de compañeros, de frailes-
profesores magníficos, pacientes y buenos, de personas queridas y vitales en su formación personal y que llevaría para siempre en su corazón y en la mochila de sus vivencias más felices.
Algún plante ante esa represión, alguna protesta rebelde ante tanto "favoritismo" de bragueta, a modo de " a mí no me toque ni me pegue, expúlseme si quiere pero a mí no me pegue ni me toque como a esos niños que tocais y pegais", dicho con la entereza de un ya fuerte, física y psiquicamente, y curtido y veterano postulante, en el quinto año de su carrera sacerdotal, además de convertirse en un perseguido "delincuente" por algo tan imperdonable como dejarse el cabello a lo "Beatle" y haber organizado un grupo musical de esa guisa, fueron suficientes para caer en desgracia primero, tener constantes enfrentamientos después y ser carne de expulsión por fin, y que se confirmó durante el mes de vacaciones del quinto año en forma de carta..:
"Su hijo, señores, carece de vocación sacerdotal y entendemos que no está llamado por los caminos de la Iglesia. Su indisciplina y mundanales tendencias hacen que esta Comunidad religiosa haya decidido que no siga entre nosotros el próximo curso. Atentamente....."
Esta escueta nota de aquellos frailes se debió cruzar en el correo con otra, no menos escueta, que enviaron sus padres a petición del chico:
"Nuestro hijo, a pesar de nuestros consejos y deseos,ha decidido que no volverá a su Convento el próximo Septiembre. S.S.S.Q.B.S.M. (suyo y seguro servidor que besa su mano....)". Formulismo afectado, aprendido y retórico, con el que los padres del chico pusieron fin a su "vocacional" proyecto de sacerdocio. Amén.

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Seminarios bajo el "Régimen".

Aún no tenía diez años cuando le llevaron a un seminario. En aquel entonces y aunque disfrazada de una pretendida vocación religiosa, a muchos niños les llevaban a internados religiosos, seminarios y conventos, con la ilusión, por parte de los bien intencionados padres, de que su hijo tuviera acceso al estudio que de otra manera no podían ni soñar, y con la planificación, por parte de la cúpula religiosa, de seleccionar de entre tanto material humano, la miseria hacía que no hubiera como ahora "crisis vocacionales", los necesarios futuros administradores de su enorme patrimonio.

(El primero de la derecha, con once años, uno de los españoles que les cabe el fastuoso honor de ser de los primeros en usar habitualmente zapatillas deportivas, y el que parece menos paleto de todos (¡jaja¡), es el protagonista de esta pequeña historia)

Así que allá va nuestro pequeño héroe, siguiendo la estela de su hermano mayor, y pleno de gozosa vocación sacerdotal, escogido por los cielos, a cumplir la misión para la que había sido señalado por el mismísimo Espíritu Santo.
El internado era de frailes mercedarios y no pasaba de ser un inmenso y destartalado caserón que había sido adosado a un convento convencional, al que se le habían construído, de forma sórdida y poco planificada, algunas dependecias para alojar lo más dignamente posible a sus doscientos pequeños, y no tan pequeños, huespedes, procedentes de todas las regiones, antes eran regiones y no Comunidades, de España.
Un claustro de quince frailes, algunos con mejor voluntad que aptitudes, otros ni siquiera con buena voluntad, tenían que pastorear con aquellos muchachos, "postulantes" los llamaban que, unos más convencidos que otros, habían sido arrancados, ésa era la cruda realidad, de la falda materna para sumergirlos en aquella amalgama de educación espartana, estudios eclesiásticos y cultura general tutelada por el dictador y sus mamporreros, que tenían en el clero uno de sus más firmes pilares para la formación de mansos al Régimen, de mansos al régimen y al clero, a la Iglesia, de tal modo que cuando fueran adultos se convirtieran, si no en sacerdotes, misión concreta en aquel centro, si en "hombres de bien y de provecho para el día de mañana". La operación político-religiosa era evidente: Una educación espartana, religiosa, dogmática en lo religioso y apolitizada socialmente, convertirían a sus juventudes, y ya para las demás generaciones, en adictos y adeptos al Régimen, para la mayor gloria de la patria, su patria, y de dios, su dios, en un orquestado plan para llevar a cabo la "divina" misión de mantenimiento de las "Castas", como en la India, donde religión y política combinadas habían logrado la sociedad "ideal", pensarían ellos, consiguiendo que las menos afortunadas asumieran resignadamente la superioridad de otras Castas, en la esperanza de que en alguna otra reencarnación los dioses les concedieran la gracia de pertenecer a alguna más alta.
El muchacho había sido llamado para formar parte de ese Ejército de Mamporreros, figura a la que se conoce por facilitar que unos jodan cómodamente a otros a cuenta del Amo, en el Batallón de los Especialistas en Almas.
El chico, es evidente, no lo veía así entonces, bastante tenía con sobrevivir en aquella vorágine de misas, rosarios, angelus, hacer la cama con precisión quirúrgica, confesiones, los zapatos como un espejo, comuniones, cambiarse de ropa dentro de la cama, lavarse en una palangana compartida con otros dos, las chicas no existen, el mundo exterior no existe, no existe el sexo y sólo existe Dios, su madre y aquel patético militar y su corte. A ellos debeis la honra y la vida, ellos son vuestros únicos guías.
El chico, sin embargo, se adaptó muy bien a aquella vida, y de mayor no tendría mal recuerdo de los cinco años pasados allí. En el recuerdo, y no sería justo que lo obviara, también rompe una lanza por algunos de aquellos frailes que de alguna manera, y de la forma más sutíl posible para no ser detenidos, se las arreglaron para inculcarnos conceptos de libertad y de antagonismo a la dictadura.
Aquello era lo que había, no había otra cosa, y el chico se las arregló para no ser un simple número y desde el primer año fué acaparando "cargos" y oficios que pronto lo situaron en una especie de estatus jerarquico "superior" a sus compañeros de aventuras, en su condición de peón de confianza de aquellos desbordados frailes, que se apoyaban en los chicos más espabilados para que aquella comunidad funcionara mínimamente.
Y fué monaguillo de los grandes fastos religiosos que los frailes impartían para los parroquianos de aquella población, a la vez que para los postulantes que, para esas ocasiones, los vestían con una especie de hábito blanco, con capillita sobre los hombros y una faja roja a la cintura, cuya punta colgaba a través de la pierna izquierda adornada con unos flecos en la punta. Una preciosidad.

La verdad es que daba gozo ver, desde la atalaya del altar mayor y como monaguillo curtido en miles de misas y otros actos litúrgicos, la iglesia llena de una parte por aquellos doscientos "frailecillos", como los llamaban en el pueblo, con su uniforme blanco y rojo, y en la bancada de la derecha la población civil, con las fuerzas vivas del pueblo en los primeros asientos y el resto formado mayoritariamente por una corte de beatas que, después de las ceremonias, revoloteaban alegres e histéricas alrededor de aquellos frailes, los ya consagrados, adeministradores conscientes de las gracias divinas que aquellas pobres esperaban conseguir merodeando en las sacristías. Al muchacho, testigo excepcional en su condición, también, de sacristán, no se le escapaba ningún detalle y no le extrañaron nada, pasados los años, las noticias que le llegaron del abandono de los hábitos para casarse con alguna parroquiana, por parte de más de uno de aquellos pobres curas, víctimas que habían sido a su vez, desde pequeños, de la represión sexual y social y que no quisieron perderse más de lo mucho que les habían quitado a sus vidas. Pricipalmente el sexo y la paternidad, algo a lo que es inhumano y estúpido renunciar por ninguna causa y a lo que les habían obligado y aún hoy siguen obligando, para consagrarse a la causa y proselitismo de la religión católica, con ese terrible y enfermizo problema que la iglesia católica ha tenido siempre con el sexo. Es estúpido pensar que ningún "Ser Superior", si existiera, que no existe, pusiera esas ridículas condiciones a nadie por consagrarse a su servicio. Siempre, claro, que el Ser Superior, fuera de verdad de una inteligencia superior. Pero sigamos.
El chico, y nos consta que está orgulloso de ello y por eso siempre lo cuenta a modo de batallita del abuelo Cebolletas, fué peluquero de sus compañeros, y enfermero, y Presidente, una suerte de delegado, pero Presidente, de su curso, y "rey mago" en las Navidades, que también pasaban allí encerrados sin acudir a casa, algo carísimo e impensable hasta el mes de Agosto, y capitán y figura de su equipo de fútbol, y de su equipo de baloncesto, y de su equipo de ping-pong, (evidentemente no era el más modesto, eso no) terribles escuadras deportivas que competían, hay que decir que con nítida superioridad, con los muchachos de otros colegios. Tenían la ventaja, de ahí los éxitos deportivos, de que internos, allí encerrados, dedicaban muchas más horas de "entranamiento", sin otras actividades mejores a las que dedicarse en sus plomizos fines de semana e interminables tardes reclusas. Por ejemplo, perseguir, hablar, ver, oler a las chicas, algo que les estaba, naturalmente, faltaría más, vedado tajantamente. En realidad no podían ni salir de aquellas dependencias, por lo que no es extraño que...

(Se está haciendo muy largo y tengo cosas aún en el tintero....NO SE PIERDAN EL SIGUIENTE CAPÍTULO. CONTINUARÁ..)

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