
"Nací en Berlanga, Badajoz, el 14 de Enero de 1919, hijo de José Vera Boceta y Joaquina Valencia Valencia."
"Mis padres tuvieron cinco hijos. El primero, José, se murió a los tres años, y por eso me pusieron a mí también José. La grande, Fermina, yo, Miguel y Antonia, esta última era deficiente." (Murió con veintiún años).

(Mi abuelo José).
"En mi infancia fuí muy llorón y muy caprichoso, quería estar en todas partes, tanto, que hasta una vez lloré por unos zapatos de Zafra porque había un refrán que decía " eres más malo que los zapatos de Zafra". Si iban mis padres al teatro, tenía que ir, si no había lloros en cantidad, de forma que traía locas a las pobres criadas si me dejaban en casa."
"Esto ocurría de 7 a 11 años."
"Siempre tuve maestros particulares que, por cierto, pegaban todo lo que querían con el permiso de los padres. No fuí de los que más le pegaron, pues era poco estudioso, pero muy formal."
"Teníamos una casa muy grande que daba a tres calles cerca de la Iglesia, tenía corrales grandes y por las puertas falsas entraban todos los niños de la calle."
"Jugábamos a todo,al balón, mocho, escondite y nos lo pasábamos bien en un coche de caballos que había parado, donde yo me escondía cuando venía mi padre del campo hasta que pasaba el peligro de las cosas que mi madre le contaba a mi padre de las fechorias que había hecho."
La casa tenía 9 habitaciones, comedor y cocina, un sótano en la cocina que estaba muy fresco y una despensa arriba. Los altos estaban habilitados para el grano. Dos corrales, un patio grande, dos pozos, una bodega, zagüán, cuadras y una azotea grande."
"El 14 de Abril del 31 (doce años) se implantó la República, yo me acuerdo y me hacía poca gracia, porque me decían los gañanes que tendría mi padre que repartir todo con los pobres. Muchas veces he pensado que los pobres no se lo llevaron, pero los usureros sí, poco después dejarían que nos embargaran casi todo con una deuda del banco, mas otras deudas."
"Yo fuí viendo que mi padre vendía muchas tierras y todo porque algunas deudas habían cumplido y mi padre era el fiador de mi tío, y él no había pagado a su tiempo."
"Poco antes me fuí al colegio interno. Saqué la conclusión de que eso le haría falta a todos los niños, pues comprendes lo que sufren tus padres y te acostumbras a muchas cosas que tendrás que pasar a lo largo de tu vida................" ..
Hasta aquí, la "traducción" de unos recuerdos de mi padre, escritos de su puño y letra, una letra ya titubeante cuando los escribió, a petición mía, a sus 84 años..Yo quería que me contara más cosas, pero ahí se plantó...
Ahora ya tiene 87, debe ser uno de los abuelos de España, casi seguro que uno de los últimos excombatientes de la guerra civil. Hoy lo he llamado y venía de su paseo diario, paseo al que no renuncia a poco que se pueda mover, a pesar de los problemas y dificultades, entre ellos esa enfermedad de los pulmones que le está jodiendo desde hace años....
Mi padre, José Vera Valencia, nació en 1.919 en la casa de un rico labrador extremeño, con bastantes tierras de labranza, y que se arruinó en los años de la República, entre 1.931 y 1.936. A partir de ese año, él contaba diecisiete, su vida entró en una vorágine infernal que sólo se estabilizaría hacia los treinta, cuando se casó y formó una familia con mi madre, para él su segunda mujer.
Después de una niñez feliz y privilegiada, y como cuenta él, las cosas se torcieron coincidiendo con la proclamación de la República, pero sin que la ruina familiar, la de su padre, tuviera mucha relación con los republicanos de su pueblo. Quiero decir, que la ruina no le vino a mi abuelo porque le expropiaran las tierras los "rojos" del pueblo cuando estalló la República, si no porque le embargaron judicialmente al haber avalado unas deudas a las que nunca hizo frente un hermano suyo.
Y en eso estaban cuando estalló la Guerra Civil, la Guerra de Franco, en Julio de 1936. José Vera tenía 17 años y lo movilizaron los "nacionales" con la "quinta del biberón"...¡¡¡¡17 años!!!!. Su propio padre lo llevó al frente de Extremadura en la grupa de su caballo. Yo no lo habría hecho jamás. Yo no habría llevado sin que me mataran a un hijo al frente de guerra, al ejército de un maldito militar golpista que se rebeló contra la democracia....pero parece que eran otros tiempos y así hay que contemplarlo.
Él nunca ha contado muchas cosas de aquellos años. Sabemos que fué un cabo del ejército "nacional", que estuvo dos años en el frente de Extremadura, uno de los más activos y sangrientos, parece que entró en Madrid cuando ésta cayó en manos del ejército franquista sobre el 1.940, que estuvo un tiempo repartiendo alimentos entre los más necesitados de una ciudad especialmente machacada por la contienda, Madrid, y que, como "premio" por los servicios prestados y cuando ya llevaba TRES años de "mili", lo enviaron a Marruecos, a Tánger, para echar una mano allá a los moros amigos de Franco, los que le habían ayudado a someter a sangre y fuego a la pobre democracia española, a aquella pobre España.
(Mi padre, el de la derecha, con un compañero, en 1.940.)
En Marruecos coincidió con su hermano pequeño, mi tío Miguel, algunos años más joven y que también fué incorporado al honroso ejército del generalísimo enano hijo de putísima. Me imagino lo que debían sentir dos chicos extremeños, sobretodo mi padre después de tres años de guerra, "enterrados" en vida en Marruecos, sin fecha para volver, e ir viendo pasar los años sin que ni Franco ni su puta madre movieran un dedo por licenciarle y mandarle de una condenada vez a su casa, con su gente.
Por fín lo licenciaron sobre 1.943. Otros se aprovecharían de haber sido del ejército "ganador", el de los militares golpistas, pero José Vera ni eso. Cuando volvió a su casa, con veinticuatro años, la familia había perdido casi todo definitívamente, su pueblo ya no era su pueblo, era un cortijo de los falangistas amigos del dictador, y si pudo salir adelante en una España aniquilada y muerta de hambre quizás fué por haber pertenecido, antes de la guerra, a la clase social de los que se habían hecho con las llaves del cortijo y por el hecho de haber pertenecido al ejército que resultó victorioso. Gracias a las ayudas internacionales, pero ése es otro tema.
A los veintisiete años, aquel apuesto excombatiente, arruinado pero contento después de tantas calamidades, se casó con una guapa moza del pueblo, una tal María Donoso, y si las calamidades pasadas no habían sido bastantes, se le murió de parto, también el niño, al año de casados. Puedo ponerme perfectamente en la castigada piel de aquel hombre de apenas veintiocho años, que vuelve a su pueblo después de una guerra, después de seis años de servicio militar en el filo de la navaja, se encuentra que amigos y familiares directos, tíos, primos, han sido pasados por las armas, su familia arruinada, que ha de ponerse a trabajar con la azada, de campesino, algo que nunca antes había hecho... ¡¡ahora también se le moría su mujer¡¡¡, ahora también perdía a su primer hijo¡¡....Cuando veo a los chavales de esa o parecida edad en la actualidad, muchos de ellos con la cabeza llena de pajaritos, egoistas e inmaduros, muchos holgazanes y quejosos a pesar de tenerlo todo, no puedo por menos que pensar que qué injusta es la puta vida y qué poco la sabemos apreciar las primeras generaciones de españoles, de humanos, que nunca hemos vivido directamente guerras y calamidades de ese tipo y cuán admirables y dignos de respeto son aquellos españoles, y no españoles, aquellas generaciones de hombres y mujeres, casi todas las anteriores a nosotros, que tanto han padecido. Pocos quedan ya. Uno de ellos es mi padre.
Situándonos otra vez en aquella Extremadura de los años cuarenta, el hombre se las arregló, su padre aún trabajaba algunas tierras, para seguir tirando hacia adelante, qué remedio, y al cabo de unos años de una relativa tranquilidad y duro trabajo, ya los ánimos mejorados, fijarse en una chica de Llerena, hermana de la mujer de un campesino conocido suyo en los cortijos de Rubiales, Manuel Roa, y que pasaba temporadas con ellos en aquellos cortijos. Y la empezó a cortejar.
Yo todo lo que sé es que, en las temporadas que aquella moza estaba en el pueblo, con sus padres, a unos diez o doce kilómetros de donde él trabajaba, iba a verla cada tarde a caballo y quiero pensar que alguna vez la montó en la grupa y se la llevó a la era ...Si no fué así, entonces las cosas eran mucho más tristes e hipócritas también en ese terreno, al menos me consuelo pensando en los gozosos nervios de aquella moza a la que venía a verla a caballo todas las tardes aquél guapo, porque mi padre era guapo, hombre de otro pueblo, aquel hombre seis años mayor que ella, que ya tenía pasado e historias que contar. Me imagino a una exultante Ramona, que así se llamaba la moza, contándole a sus amigas alborozada, nerviosa, feliz, que le iba a proponer en matrimonio, que iba a venir a hablar con sus padres, que iba a venir a pedir su mano José Vera, de los Vera de Berlanga. ¡¡Sí, sí¡¡, José Vera, el nieto del opulento José Vera de Higuera de Llerena. La telefonista de Llerena, pizpireta, inteligente, llena de vida, con tanto que dar a sus veinticuatro años, que había rechazado sistemáticamente a cuántos mozos se le iban acercando, ella decía que nunca pudo soportar a los tontos e incultos que la rondaban, se iba a casar, no con un gañan bastante animal como su hermana, si no con algo parecido al galán de la zona, viajado, con cierta cultura, de una conocida y respetada familia de la comarca, aquel joven viudo de oro, aunque para entonces el oro ya no abundara.
Ahora que caigo, no hay fotos del evento, no ha quedado, que yo sepa, ni rastro de aquella boda, pero me imagino que, por la condición de viudo de mi padre y tal y como estaban las cosas, pocos fastos harían. Lo que si recuerdo haber oído hablar que aquella noche, la de la boda, la pasaron en una fonda de un pueblecito cercano.....
Tampoco se sabe si fué allí donde encargaron al que sería su primogénito, y cabezón mayor, mi hermano Isidro...O si a la mañana siguiente se la llevó a caballo a los cortijos y, ahora sí, hicieron ardientes escalas de era en era, de barbecho en barbecho, vengándose de tantas desgracias él, de tantas esperas ella...
Veremos qué sucedió en el siguiente capítulo, en "La saga de los Vera, parte II"...