La Coctelera

Es imposible borrarse de la coctelera..

quiero borrarme de la coctelera

Categoría: Saga

Dédalo e Ícaro o El desafío controlado y asesorado.

Dédalo, era un artesano ateniense muy hábil y que gozaba de una gran reputación, aunque parece que no era la mejor persona del mundo, nadie es perfecto, y que entre otras cosas contruía laberintos por encargo, además de inventar toda suerte de artilugios y maravillas de la técnica, de la de entonces, cosa que le granjeó, puta envidia, no pocas antipatías, entre ellas la de su propio rey, Minos, que lo encerró junto a su hijo Ícaro o en una torre aislada (aquí hay distintas versiones), o en el propio laberinto que Minos le había encargado a Dédalo para encerrar al Minotauro. (Otro día hablamos del Minotauro, que este también tiene su miga mitológica).

El caso es que Dédalo y su hijo Ícaro estaban atrapados en aquel laberinto de aquella isla que Minos controlaba por tierra y por mar con mano de hierro, lo que dejaba, aún no había control aéreo, el cielo como única salida posible para la fuga.

Siendo Dédalo tan hábil y tan listo, al observar a las aves volar por encima de sus cabezas pronto se le ocurrió que con las plumas que se le caían a las propias aves y que él fué recogiendo con paciencia mitológica, y la cera de las abejas del lugar, la solución estaba en fabricar unas alas, pegando las plumas con la cera, con las que intentar salir volando de su prisión.

Y lo hizo. Dédalo es el patrón, o debería serlo, de los locuelos que vuelan en parapente o similares, pues no tardó en fabricarse dos pares de alas que, después de las pertinentes pruebas, pronto estuvieron listas para emprender la huída volando, no sin advertir muy en serio a su hijo que no debía volar muy alto porque la cera se podría derretir, ni demasiado bajo, no fueran a mojársele las alas. Imagino que también le diría, aunque eso no consta en la mitología, que no hiciera como las groseras gaviotas y mirara muy bien de no salpicarle en pleno vuelo con sus cagaditas.
Y remontaron el vuelo.
A Ícaro, putos chiquillos alocados de mierda que se creen tan listos, enseguida se le olvidaron los consejos paternos y, con el subidón de poder volar y tal, se puso a hacer "picaos" en barrena, acrobacias y, sobretodo, y eso fué lo que le perdió al sentirse tan libre y tan guay, creyendo que podía con todo, comenzó a subir y a subir con la vana intención de alcanzar, de conquistar el sol, sin recordar que su equipación no estaba preparada para tan altos vuelos.....
No es difícil imaginarse las consecuencias de la locura. La cera se derritió por el calor, con lo que todas las plumas se le cayeron muy pronto, a consecuencia de lo cual, y ante la aterrorizada mirada de Dédalo, el chico se precipitó al mar.....
Post Scriptum y Moraleja.-
La Mitología dice que Ícaro desapareció en las procelosas aguas marinas pero, fantasía por fantasía, yo quiero creer que lo recogieron unos nobles pescadores, siempre hay gente noble por ahí, y le enseñaron que, y esta es la moraleja didáctica que yo hago de esta historia, cada cual que haga la suya, están muy bien los jóvenes desafíos vitales, parece que es inevitable la juvenil inconsciencia, pero Ícaro, todos los "ícaros" que en el mundo son o han sido, deberían saber tomar nota de los peligros que desafían y que los padres, las madres, conocen, no porque sean más listos, ni siquiera por ser más hábiles, habrá de todo, si no porque ellos también fueron jóvenes, también se sintieron fuertes como para desafiar inconscientemente al mismísimo sol, solo que, disfrutándolo igual, supieron volar a la altura debida y sin cometer excesivas imprudencias, lo que les convierte automáticamente en unos magníficos maestros de vuelo.
El modesto autor de este artículo, aunque menos "manitas" que el artesano ateniense, no deja de ser un poco Dédalo que en día fué un poco Ícaro, no está diciendo que no ha de haber desafíos juveniles a los que lanzarse a conquistar, ni que deje de ser un placer acojonante volar haciendo las fantasías acrobáticas que la imaginación y las posibilidades te permitan. Nada más lejos de su intención. Lo que dice es que, junto al desafío, hay que usar la sabiduría de los que conocen mejor hasta dónde y cómo podemos llegar o, si se quiere, tienen ya contrastados los artificios que hemos inventado para volar bien, y han tenido y tienen la fuerza y el conocimiento, son muchas horas de vuelo, para saber cómo hacerlo sin ir pegándose demasiadas hostias por ahí....... Ni salpicar a los demás con nuestras cagaditas e imprudencias.
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Concierto del Quim, pequeñas vacaciones y la tía Remedios.

Fiestas del pueblo. Pedazo de concierto del Quim que cada vez tiene más tablas, mejores letras, mucho más oficio y se mete a la gente en el bolsillo con la primera canción. Maite y yo sorteamos como podemos a sus entusiastas admiradores, que nos felicitan por ser sus padres. Aunque el Quim lo merece, la gente es muy exagerada.
Una semana de vacaciones. Vamos a ver a una tía mía de Extremadura, hermana de mi madre, que le debo una visita desde hace ya muchos años. Hemos dudado entre ir a París, a Eurodisney con la Júlia que es la única que no lo conoce y nos lo reivindica de vez en cuando, a Núria, donde el tren cremallera que sube montaña arriba, a Cadaqués o Palamós, maravillosos ahora que se han ido los guiris...y nos vamos a Llerena, en Badajoz...Bueno, nos proveeremos de algún buen jamón y de manteca colorá....

Y abrazaremos a los tíos, que ya toca, que llevaba yo muchos años, trabajo, estrés, desorientación, que se me enfriaban, de no usarlas, demasiadas relaciones familiares. Algunas, como la de la tía Remedios, imperdonable: Practicamente nos crió a un montón de sobrinos cuando nuestros padres andaban dando tumbos buscando trabajo en los años cincuenta y sesenta. El tío Manolo, su marido,ella y su madre, mi abuela Carmen, estuvieron años que habían convertido su casa en una especie de hogar infantil con no menos de seis o siete sobrinos a toda pensión. Y nos cuidaron, no sé con qué presupuesto y de qué forma, a todos. Pero más que por sano agradecimiento, aparte de eso, es que me lo pide el cuerpo, y el alma, con no poca vehemencia.

Fijaté que yo creo que soy su sobrino favorito. Pero creo que lo deben pensar todos los sobrinos-clientes de aquel entrañable hogar de acogida. Así de grande era, es, la tía Remedios.

Ahora está jodidilla. Y me voy a verla.

Cuidarme el chiringuito, vale?

El patriarca nos dijo adiós. La saga continúa.

Estoy bien. Cansado pero bien. Sensiblón y flojillo, pero bien.

Habíamos ido a hacer algunos turnos, sobretodo de noche, en el hospital en el que estaba mi padre, para ayudar un poco a mis hermanos y cuñados que llevaban más de un mes a su lado de día y de noche. El diagnóstico no podía ser más desmoralizador: La neumonía que arrastraba se le complicaba con una leucemia aparecida en las últimas semanas. Algo mortal de necesidad, desde el momento en que, necesitando muchas defensas para la neumonía, la leucemia, que los médicos tampoco sabían si iba a hacer gala de todo su dañino potencial, se las negaba. Pero llevaba así más de un mes y no se sabía bien el desarrollo de todo el fatídico proceso.

Llegamos el martes por la tarde, a las ocho, y fuimos derechos al hospital. En las caras de estupor y pena de mis hermanos, cuñados y sobrinos, ya pudimos ver que algo no iba bien, o que se había complicado, o que el proceso se había precipitado, aunque todos estaban agarrados a ese clavo ardiendo que mantiene la esperanza. Yo también quise cogerme a él, pero era evidente, mucho más a medida que pasaban las horas, que el clavo, como mi padre, tampoco iba a aguantar demasiado tiempo.

Esa noche se iban a quedar Isidro y Nines y les pedí que nos dejaran quedarnos a Maite y a mí. Les agradeceré siempre que nos cedieran el turno porque esa noche, aparte de la pena por la pérdida, me iba a servir para sacudirme muchos fantasmas sobre la muerte, sobre la agonía de la muerte, y para descubrir que puede no ser una experiencia necesariamente mala, o no solamente mala, el hecho de estar al lado de tu anciano padre en la hora de su muerte. Mi hermana Maricarmen, auxiliar de ese mismo hospital también quiso quedarse. Mi hermano Ramón llegó de Burgos, y también se fué directamente al hospital a la una y media de la madrugada.

Murió a las cinco y media. Sin sufrir, como inconsciente a pesar de la dificultad al respirar, a pesar de que la respiración cada vez era más difícil, espasmódica, encharcada, débil....Durante una hora, cada bocanada de aire parecía la última...y volvía a inspirar. El corazón, aún sano, le pedía aire a los pulmones y estos, desesperadamente, trataban de obedecer como si tuvieran vida propia porque el cerebro, quién sabe si también el alma, ya no estaban....Por eso no sufría. Y por eso no estábamos, al menos yo, tan tristes.

Le tomábamos la temperatura y le tratábamos de bajar la fiebre cuando las enfermeras ya habían desistido, cuando ya nos había dicho la doctora que se nos iba irremisiblemente. Asistimos a su último suspiro, vimos como se le relajó el semblante, contemplamos como la enfermera confirmaba con un electrocardiograma que acababa de morir, nos comimos la jauría de sensaciones, de sentimientos, que a todos nos toca comernos en algún momento de nuestras vidas, pero, debido a las circunstancias, con mayor intensidad, en familia, como si estuvieramos en casa, desde el momento que los compañeros de mi hermana, enfermeros y doctores, crearon una campana para que nada ni nadie interrumpiera la intimidad de lo que estábamos viviendo, agotados ya todos los medios de la ciencia médica.

Comunicárselo a los demás, histerias, historias, llantos, tanatorio. Los jóvenes de la familia quisieron velar a su abuelo la noche que hubo de pasar en el tanatorio y nos mandaron a los mayores a descansar. Mucha gente, muchos amigos y compañeros de mis hermanos, un desfile de buenas gentes que, con la mejor intención del mundo, vienen a acompañar, a solidarizarse.

Emotiva ceremonia religiosa. Imprescindible para los creyentes de la familia y no tan imprescindible para los no creyentes. En estos casos, relativizando la importancia que esto pueda tener, siempre ganan los creyentes... Un abrazo infinito a mis hermanos y cuñados católicos practicantes, espero que no ofendieran demasiado las teorías, apenas disimuladas, de nosotros, los no creyentes, sobre la oportunidad de someternos todos a esas ceremonias de los cánticos, aguas benditas y eucaristías que, lo digo sin intención de alardear de "anti nada", cada vez me parecen más absurdas y anacrónicas, casi insoportables en cualquier circunstancia por la moralina y casi la advertencia en los sermones de que si no sigues los dogmas y mandamientos de ésa religión en concreto, arderás en los infiernos cuando pases por el trance que acaba de pasar el señor que yace de cuerpo presente, que da la casualidad que es tu padre.....Lo siento, Maricarmen, querida, todo eso para mí es infumable. Y te lo digo desde mi condición de agnóstico, que ni siquiera ateo, pero creo siceramente que si hubiera un ser superior, a quien se le supone una inteligencia superior, se desmarcaría muy mucho de la poca inteligente línea en la que permanece sin apenas evolución la Iglesia Católica desde hace siglos, desde que esas dogmáticas ruedas de molino aún eran digeribles por sus incondicionales fieles antes de que la ciencia desmontara uno a uno sus pretendidos misterios.

Después del cementerio, ya sólo el núcleo familiar más próximo, se entra en una especie de catarsis, ya pasó cuando enterramos a mi madre, en la que un observador ajeno, viendo las risas y las concesiones a la gastronomía, pudiera pensar que nos habíamos reunido más para una fiesta que para lo que realmente lo hicimos. No es así, en eso consiste la catarsis, en una especie de liberación o transformación interior suscitados por la experiencia vital profunda que acabamos de vivir y que se manifiesta en ratos de una especie de euforia que pudiera parecer alegre, pero que corresponde más a un esfuerzo de todos en achicar algo de pena en sí mismo y en los demás, un esfuerzo en relativizar lo trágico, en neutralizar el dolor propio y ajeno durante el mayor tiempo posible.

Luego, ya en soledad, cuando cada uno se queda con su pensamiento, cuando se retira de la escena con su hatillo lleno de pena, de recuerdos, de sensaciones, te quedas así, sensiblón, flojillo, apenado...pero, en mi caso, bien. Bien, porque todos estuvimos donde teníamos que estar, mi padre estuvo rodeado en todo momento por toda su gente, gente que es una piña, siempre lo ha sido, no sufrió, al menos no demasiado, tenía ochenta y ocho años y el ciclo se cumplió en el orden cronológico y lógico de las generaciones. Algo que la Naturaleza no siempre concede a todo el mundo. Eso sí que debe ser horrible, que se altere el orden lógico ycronológico del ciclo....

Pero, eso sí, pobres de los que no tengan una familia como la que tuvo mi padre, como la que tengo yo.....

Esta saga que presidía el patriarca José continúa, la vida continúa...Y merece la pena vivirla, apurarla hasta que la Naturaleza lo permita.....

La foto que no existía. Más Saga familiar.

Ahí están. Parece que se hicieron la foto también cuasi clandestinamente, un par de días antes de la clandestina boda.
A resaltar la cara exultante, claramente ilusionada, enamorada, de Ramona, vibrando al lado del no menos entregado José. Destacar también la pluma estilográfica que se puso el viejo para la ocasión y con la que sin duda firmaron el contrato por el que se comprometían a, entre otras cosas, traer al mundo a un servidor de ustedes y a mis cinco hermanos, además de todo lo que vendría detrás..(las últimas adquisiciónes: sus biznietas María Vera Pérez, mi nieta, a la que él, José, ya conoce, Y Ramona hubiera dado tanto por haber conocido..Lo mismo que a María Álvarez Vera, la nieta de su "mierdina"...)
Corría el año cincuenta, 1.950, hace ya cincuenta y seis años...

(Foto conseguida por la gentileza y el saber hacer del más cabezón, también el más calvorota, de entre los hijos de la pareja: mi hermano Isidro.)

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Saga de los Vera-Rodríguez , Parte III

(Reseñar que la Saga de los Vera Parte II, la original, con todos los comentarios, correcciones, llamadas de atencíón, rectificaciones de los detalles, réplicas y contrarréplicas, lo tengo guardado, por supuesto, para cuando me de por imprimirlo y tenerlo físicamente entre mis cosas. Salvo algún detalle de error u omisión sin importancia, aquella era la verdad histórica en esencia y, moleste a quien moleste, la verdad personal y subjetiva de alguien que se ha puesto a esbozar los aspectos más llamativos de la historia de esta familia, del que ha intentado transmitir a su gente, para que perdure en el recuerdo, algunos rasgos del pasado y del presente de su familia, un servidor de ustedes. Es natural, por otra parte, que haya versiones distintas sobre los hechos, los motivos, las opiniones sobre las personas, pasa con la historia de la humanidad con mayúsculas, y siempre pasará, porque en la interpretación de las historias, sean cuales fueren, siempre se verá el ojo subjetivo del narrador en cuestión. Y su retórica. Y su forma de entender la vida y sus prioridades. Incluso su forma de ser. Y cada uno/a es como es, para bien o para mal, para su suerte o su desgracia, de él/ella y de los que le rodean.
La grandeza, y más entre la gente que se quiere, es aceptar las peculiaridades de cada uno, incluso sus filias, fobias, traumas o neuras, con generosidad. Yo creo que, básicamente, lo hago. Pido humildemente a los/as que me quieren que hagan lo propio. Y que nos aceptemos generosamente, incluso en la discrepancia, incluso cuando a alguien, por ejemplo, le repatee que yo exprese mi crudo parecer, que ni siquiera es mío, de los "Roa", o a mí me parezca que se puede caer en el entreguismo, sumisión es la palabra, si se le perdona a los Pedreros sus claros y contínuos "ninguneos" al "alma mater" de esta familia, la mujer que sacó adelante a los Vera-Rodríguez.)

Dicho lo dicho, me dispongo a continuar con el relato, y lo hago con un párrafo de Joaqui, mi Kaki , en un comentario que hizo en la primera parte hablando sobre aspectos que evidentemente conocía mejor que yo, de la boda de nuestros padres. Decía yo allí que no había visto fotos de la boda, que me chocaba que no las hubiera, todo el mundo tiene alguna foto de su boda. La Joaqui decía esto:

"No, no hay fotos, porque por esa condición de viudo (de mi padre), hubo que celebrar la ceremonia de la boda a las siete de la mañana, algo que a madre le fastidiaba haber aceptado, pues ella era soltera y estaba enamorada, y aunque por supuesto sabia de su estado ,ella no habia vivido de cerca , aquella situación, y solo aceptó por respeto a él, y a la familia . Siempre le pesó no haber celebrado por todo lo alto este gran acontecimiento, hubo un "convite" en su casa y partieron a Zafra creo recordar fue allí donde pasaron su primera noche, muchos años después, aun azorada nos contaba , "la verguenza" que pasó al salir por la mañana de la fonda, no solo porque notaran que eran recien casados, tambien que al parecer se rompio la cama, creo que dejó a padre pagando y ella salió corriendo. Aquella fué su primera vez...."

Supongo que hay que contextualizar los hechos en una época y un circulo social muy concretos para intentar enterder el por qué de esa manera de joderle la fiesta a los contrayentes. Me imagino que sería una amalgama de tabúes religiosos, en un momento en que la Iglesia ejercía una presencia asfixiante en las vidas de las gentes, tabúes sociales, costumbrismos hipócritas de buena parte, si no de toda, de aquella España empobrecida, humillada, forzada nuevamente, una vez más en su historia, a comulgar con las ruedas de molino que impartían el clero, losmilitares, el Dinero, los conservadores de las "esencias" patrias, menuda mierda de esencias.

Aún así, y aunque pasaron por el aro de casarse como a escondidas, de madrugada, no creo que aquel siniestro protocolo les amargara verdaderamente la fiesta y, quiero pensar que una vez se sacudieron los oscuros trajes de encima y borraron de sus rostros las ceremoniosas expresiones de seriedad circunstancial, una vez sólos y camino de Zafra, a medida que recorrían esos pocos, muchos entonces, kilómetros, se fueron sacudiendo las amontonadas amarguras de él, el papelón de aquel trago protocolario de ella, y llegarían a destino, a aquella fonda, entre cómplices risas, los lógicos e inevitables nervios y las respectivas líbidos en buena forma.

Lo cierto es que en ése momento, en Zafra, Badajoz, quiero creer que en 1.949, comienza la parte contemporánea de la historia familiar, nuestra rama más concreta del árbol genealógico de los Vera y de los Rodríguez, una familia como todas, como tantas y tantas y que, si tiene alguna peculiaridad es que, más de cincuenta y cinco años después, no ha habido circunstancias ni hechos que hayan quebrado de una forma importante la unidad, el cariño, la estrecha relación que mantienen sus miembros directos y los no tan directos a través de lo que son ya tres generaciones posteriores. Y eso, que puede parecer normal y sin trascendencia, es trascendente y no es tan normal.

Así que para celebrarlo, y como un pequeño homenaje a esta familia, me propongo desgranarla, derramar pequeñas descripciones de cada uno de sus ramas, de cada uno de los hijos de José y de Ramona, inevitablemente de una forma subjetiva pero amablemente, en sucesivos capítulos. Y lo voy a hacer aunque os pongais en cruz, jureis en hebreo, no vengais a este blog u os enfadeis conmigo, teniendo en cuenta que tampoco voy a hacer ningún análisis previo de fechas o datos ni de verdades absolutas o tabúes que desconozca, o tal vez, sin querer, se me escape algo que a alguien no le habría gustado que figurase aquí. Me es igual. Advertidos quedais. Lo que si os pido, joder, es que encontreis algún momento para comentar la jugada y hacernos partícipes a todos de las distintas opiniones que en cada momento os sugiera lo leído. Si no lo haceis yo seguiré igualmente, en realidad esto lo hago egoistamente, porque me gusta. A otros les da por morder esquinas.

Próximo capítulo: Isidro.

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La saga de los Vera, (parte I).

"Nací en Berlanga, Badajoz, el 14 de Enero de 1919, hijo de José Vera Boceta y Joaquina Valencia Valencia."
"Mis padres tuvieron cinco hijos. El primero, José, se murió a los tres años, y por eso me pusieron a mí también José. La grande, Fermina, yo, Miguel y Antonia, esta última era deficiente." (Murió con veintiún años).

(Mi abuelo José).

"En mi infancia fuí muy llorón y muy caprichoso, quería estar en todas partes, tanto, que hasta una vez lloré por unos zapatos de Zafra porque había un refrán que decía " eres más malo que los zapatos de Zafra". Si iban mis padres al teatro, tenía que ir, si no había lloros en cantidad, de forma que traía locas a las pobres criadas si me dejaban en casa."
"Esto ocurría de 7 a 11 años."
"Siempre tuve maestros particulares que, por cierto, pegaban todo lo que querían con el permiso de los padres. No fuí de los que más le pegaron, pues era poco estudioso, pero muy formal."
"Teníamos una casa muy grande que daba a tres calles cerca de la Iglesia, tenía corrales grandes y por las puertas falsas entraban todos los niños de la calle."
"Jugábamos a todo,al balón, mocho, escondite y nos lo pasábamos bien en un coche de caballos que había parado, donde yo me escondía cuando venía mi padre del campo hasta que pasaba el peligro de las cosas que mi madre le contaba a mi padre de las fechorias que había hecho."
La casa tenía 9 habitaciones, comedor y cocina, un sótano en la cocina que estaba muy fresco y una despensa arriba. Los altos estaban habilitados para el grano. Dos corrales, un patio grande, dos pozos, una bodega, zagüán, cuadras y una azotea grande."
"El 14 de Abril del 31 (doce años) se implantó la República, yo me acuerdo y me hacía poca gracia, porque me decían los gañanes que tendría mi padre que repartir todo con los pobres. Muchas veces he pensado que los pobres no se lo llevaron, pero los usureros sí, poco después dejarían que nos embargaran casi todo con una deuda del banco, mas otras deudas."
"Yo fuí viendo que mi padre vendía muchas tierras y todo porque algunas deudas habían cumplido y mi padre era el fiador de mi tío, y él no había pagado a su tiempo."
"Poco antes me fuí al colegio interno. Saqué la conclusión de que eso le haría falta a todos los niños, pues comprendes lo que sufren tus padres y te acostumbras a muchas cosas que tendrás que pasar a lo largo de tu vida................" ..

Hasta aquí, la "traducción" de unos recuerdos de mi padre, escritos de su puño y letra, una letra ya titubeante cuando los escribió, a petición mía, a sus 84 años..Yo quería que me contara más cosas, pero ahí se plantó...

Ahora ya tiene 87, debe ser uno de los abuelos de España, casi seguro que uno de los últimos excombatientes de la guerra civil. Hoy lo he llamado y venía de su paseo diario, paseo al que no renuncia a poco que se pueda mover, a pesar de los problemas y dificultades, entre ellos esa enfermedad de los pulmones que le está jodiendo desde hace años....

Mi padre, José Vera Valencia, nació en 1.919 en la casa de un rico labrador extremeño, con bastantes tierras de labranza, y que se arruinó en los años de la República, entre 1.931 y 1.936. A partir de ese año, él contaba diecisiete, su vida entró en una vorágine infernal que sólo se estabilizaría hacia los treinta, cuando se casó y formó una familia con mi madre, para él su segunda mujer.

Después de una niñez feliz y privilegiada, y como cuenta él, las cosas se torcieron coincidiendo con la proclamación de la República, pero sin que la ruina familiar, la de su padre, tuviera mucha relación con los republicanos de su pueblo. Quiero decir, que la ruina no le vino a mi abuelo porque le expropiaran las tierras los "rojos" del pueblo cuando estalló la República, si no porque le embargaron judicialmente al haber avalado unas deudas a las que nunca hizo frente un hermano suyo.
Y en eso estaban cuando estalló la Guerra Civil, la Guerra de Franco, en Julio de 1936. José Vera tenía 17 años y lo movilizaron los "nacionales" con la "quinta del biberón"...¡¡¡¡17 años!!!!. Su propio padre lo llevó al frente de Extremadura en la grupa de su caballo. Yo no lo habría hecho jamás. Yo no habría llevado sin que me mataran a un hijo al frente de guerra, al ejército de un maldito militar golpista que se rebeló contra la democracia....pero parece que eran otros tiempos y así hay que contemplarlo.
Él nunca ha contado muchas cosas de aquellos años. Sabemos que fué un cabo del ejército "nacional", que estuvo dos años en el frente de Extremadura, uno de los más activos y sangrientos, parece que entró en Madrid cuando ésta cayó en manos del ejército franquista sobre el 1.940, que estuvo un tiempo repartiendo alimentos entre los más necesitados de una ciudad especialmente machacada por la contienda, Madrid, y que, como "premio" por los servicios prestados y cuando ya llevaba TRES años de "mili", lo enviaron a Marruecos, a Tánger, para echar una mano allá a los moros amigos de Franco, los que le habían ayudado a someter a sangre y fuego a la pobre democracia española, a aquella pobre España.
(Mi padre, el de la derecha, con un compañero, en 1.940.)

En Marruecos coincidió con su hermano pequeño, mi tío Miguel, algunos años más joven y que también fué incorporado al honroso ejército del generalísimo enano hijo de putísima. Me imagino lo que debían sentir dos chicos extremeños, sobretodo mi padre después de tres años de guerra, "enterrados" en vida en Marruecos, sin fecha para volver, e ir viendo pasar los años sin que ni Franco ni su puta madre movieran un dedo por licenciarle y mandarle de una condenada vez a su casa, con su gente.
Por fín lo licenciaron sobre 1.943. Otros se aprovecharían de haber sido del ejército "ganador", el de los militares golpistas, pero José Vera ni eso. Cuando volvió a su casa, con veinticuatro años, la familia había perdido casi todo definitívamente, su pueblo ya no era su pueblo, era un cortijo de los falangistas amigos del dictador, y si pudo salir adelante en una España aniquilada y muerta de hambre quizás fué por haber pertenecido, antes de la guerra, a la clase social de los que se habían hecho con las llaves del cortijo y por el hecho de haber pertenecido al ejército que resultó victorioso. Gracias a las ayudas internacionales, pero ése es otro tema.
A los veintisiete años, aquel apuesto excombatiente, arruinado pero contento después de tantas calamidades, se casó con una guapa moza del pueblo, una tal María Donoso, y si las calamidades pasadas no habían sido bastantes, se le murió de parto, también el niño, al año de casados. Puedo ponerme perfectamente en la castigada piel de aquel hombre de apenas veintiocho años, que vuelve a su pueblo después de una guerra, después de seis años de servicio militar en el filo de la navaja, se encuentra que amigos y familiares directos, tíos, primos, han sido pasados por las armas, su familia arruinada, que ha de ponerse a trabajar con la azada, de campesino, algo que nunca antes había hecho... ¡¡ahora también se le moría su mujer¡¡¡, ahora también perdía a su primer hijo¡¡....Cuando veo a los chavales de esa o parecida edad en la actualidad, muchos de ellos con la cabeza llena de pajaritos, egoistas e inmaduros, muchos holgazanes y quejosos a pesar de tenerlo todo, no puedo por menos que pensar que qué injusta es la puta vida y qué poco la sabemos apreciar las primeras generaciones de españoles, de humanos, que nunca hemos vivido directamente guerras y calamidades de ese tipo y cuán admirables y dignos de respeto son aquellos españoles, y no españoles, aquellas generaciones de hombres y mujeres, casi todas las anteriores a nosotros, que tanto han padecido. Pocos quedan ya. Uno de ellos es mi padre.
Situándonos otra vez en aquella Extremadura de los años cuarenta, el hombre se las arregló, su padre aún trabajaba algunas tierras, para seguir tirando hacia adelante, qué remedio, y al cabo de unos años de una relativa tranquilidad y duro trabajo, ya los ánimos mejorados, fijarse en una chica de Llerena, hermana de la mujer de un campesino conocido suyo en los cortijos de Rubiales, Manuel Roa, y que pasaba temporadas con ellos en aquellos cortijos. Y la empezó a cortejar.
Yo todo lo que sé es que, en las temporadas que aquella moza estaba en el pueblo, con sus padres, a unos diez o doce kilómetros de donde él trabajaba, iba a verla cada tarde a caballo y quiero pensar que alguna vez la montó en la grupa y se la llevó a la era ...Si no fué así, entonces las cosas eran mucho más tristes e hipócritas también en ese terreno, al menos me consuelo pensando en los gozosos nervios de aquella moza a la que venía a verla a caballo todas las tardes aquél guapo, porque mi padre era guapo, hombre de otro pueblo, aquel hombre seis años mayor que ella, que ya tenía pasado e historias que contar. Me imagino a una exultante Ramona, que así se llamaba la moza, contándole a sus amigas alborozada, nerviosa, feliz, que le iba a proponer en matrimonio, que iba a venir a hablar con sus padres, que iba a venir a pedir su mano José Vera, de los Vera de Berlanga. ¡¡Sí, sí¡¡, José Vera, el nieto del opulento José Vera de Higuera de Llerena. La telefonista de Llerena, pizpireta, inteligente, llena de vida, con tanto que dar a sus veinticuatro años, que había rechazado sistemáticamente a cuántos mozos se le iban acercando, ella decía que nunca pudo soportar a los tontos e incultos que la rondaban, se iba a casar, no con un gañan bastante animal como su hermana, si no con algo parecido al galán de la zona, viajado, con cierta cultura, de una conocida y respetada familia de la comarca, aquel joven viudo de oro, aunque para entonces el oro ya no abundara.
Ahora que caigo, no hay fotos del evento, no ha quedado, que yo sepa, ni rastro de aquella boda, pero me imagino que, por la condición de viudo de mi padre y tal y como estaban las cosas, pocos fastos harían. Lo que si recuerdo haber oído hablar que aquella noche, la de la boda, la pasaron en una fonda de un pueblecito cercano.....
Tampoco se sabe si fué allí donde encargaron al que sería su primogénito, y cabezón mayor, mi hermano Isidro...O si a la mañana siguiente se la llevó a caballo a los cortijos y, ahora sí, hicieron ardientes escalas de era en era, de barbecho en barbecho, vengándose de tantas desgracias él, de tantas esperas ella...
Veremos qué sucedió en el siguiente capítulo, en "La saga de los Vera, parte II"...

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