La Coctelera

Mamporrero

La única verdad irrefutable es que no hay verdades irrefutables.

Categoría: Mitología

Las hetairas. La hetaira Friné.

En la antigua Grecia, como en todas partes, las cosas no eran muy favorables para las mujeres en lo económico, en lo legal, mucho menos en el acceso a la cultura...

Para todas las mujeres?. No, había un grupo de ellas, las hetairas (compañeras de los hombres), que venían a ser unas macizas importantes, formadas intelectualmente, de refinados modales, nada que ver con las prostitutas comunes, que también las había, pero prostitutas al fín y al cabo, que tenían más acceso, gracias a sus influencias y a su selecta clientela , que las demás mujeres, incluso que las esposas de los prohombres, a la cultura, a los grandes fastos y celebraciones destinadas sólo a los hombres, que podían estar en fiestas y cenáculos prohibidos a todas las demás y se convirtieron en tan imprescindibles para los que se podían permitir tenerlas como amantes, los más poderosos, que a nadie se le oculta que tuvieron mucho que ver, directa e indirectamente, con las decisiones que marcaron el transcurso de la historia.

Eran independientes en lo económico, las únicas de su tiempo y, si conseguían la protección de alguien importante, su poder se hacía inconmensurable.

Son muchas las hetairas, cortesanas célebres, que nos ha dejado la historia: La bella Aspasia, amante del político ateniense Pericles. Tais, la cortesana más destacada de la época macedonia, que volvió loco primero a Alejandro Magno y, más tarde, a Ptolomeo I, soberano de Egipto. Y Laida, que se atrevía a rechazar al gran Mirón y al mismísimo Demóstenes pero se entregaba con pasión, y gratis, al pobre Arístipo. Cuando murió la promíscua y respetada Laida, su peso específico en Atenas era tal, su influyente clientela tenía tanto poderío, que se le brindaron funerales de Jefe de Estado.

Platón se relajaba en casa de la hetaira Arqueanasa, Sófocles era cliente de Teórida y, luego, siendo un anciano, también de Arquípas.

Pero dejadme que yo prefiera, tanto por su deslumbrante belleza como por las anécdotas en las que se vió envuelta y que demuestran el poderío de sus armas de mujer, a la gran Friné, la amante y musa favorita de Praxíteles, famoso escultor que se inspiró en ella para la creación de varias estatuas de la diosa Afrodita.

Cabeza en mármol de Afrodita « Kaufmann »,
variante de la Afrodita de Cnido del escultor Praxíteles, para la
cual Friné habría sido modelo, v. 150 adC,
actualmente en el Museo del Louvre. Téngase
en cuenta que la escultura originalmente
estaba pintada lo cual hacia aún más
gráciles los rasgos.

Ha trascendido que Praxíteles, en un calentón, seguro que después de una noche de vino y rosas con la bella, le ofreció a Friné la escultura que ella quisiera de las que tenía en su estudio. Friné, aunque culta, no tenía ni puñetera idea de ese arte, pero era muy lista, muy lista y, aprovechando que tenía a Praxíteles muy burro y entregado hasta las trancas, urdió un plan para sacar la tajada más gorda, que en eso sí que era una experta profesional (nada que no mejorara, siglos después, la hetaira Tita Cervera con el Barón Thissen):

Como no sabía cuál era la mejor pieza del artista, la más valiosa, dió instrucciones a a un criado para que, en el transcurso de una cena, irrumpiera diciendo que el estudio estaba en llamas. Praxíteles exclamó: «¡Salvad mi Eros!». Así supo Friné que aquella era la mejor obra del artista y ésa fué la que le exigió.

Dicen que cuando la ya acaudalada Friné ofreció una estatua de oro de la diosa Afrodita a la ciudad de Delfos, Diógenes, el gran filósofo, pelín escandalizado, propuso, no sin cierto recochineo, que al píe de la estatua se pusiera un texto en el que se explicara que el regalo había sido posible gracias a los asuntos de bragueta (no sé si las túnicas griegas tenían bragueta, pero ya nos entendemos...), la lascivia y la generosidad en el pago de sus servicios de los ricos clientes de la hetaira Friné.

Pero Friné cayó en desgracia por un asuntillo, dicen que de impiedad, ya ves tú, y tuvo que enfrentarse a un juicio sumarísimo: La acusaron de celebrar en su casa ceremonias a la diosa Afrodita, algo que, sin ser sacerdotisa y por lo que se ve, tenía que ser muy malo, muy malo, mucho más que ser hetaira, y merecía el máximo castigo.

El desarrollo de su juicio, en el que se le pedía pena de muerte, es el hecho por el que sin duda ha trascendido hasta nuestros días la historia de aquella mujer, de la bella Friné.

 

Por deseo expreso de su protector Praxíteles, durante el juicio fue defendida por el orador Hipérides, un genio de la palabra y otro supercliente habitual de Friné. La cosa se complicaba, el juicio avanzaba e Hipérides veía que la iban a condenar, que sus contrastadas artes de orador no convencían al jurado. A la desesperada, el abogado tiró de la túnica de Friné, dejándola desnuda....

La sala quedó tan conmocionada por la belleza de la joven que, tardó en reaccionar a la pregunta del hábil orador, algo así como :"¿ustedes creen que un cuerpo como este lo podemos poner a criar malvas por un quíteme alla unas misas a Afrodita?. ¿Es que estamos todos locos o qué?".

El cuadro adjunto recoge el momento en que Friné, pelín fondona, todo hay que decirlo, aunque ese era el modelo de mujer que ponía más burros a los griegos de aquella época (y de ésta, para qué nos vamos a engañar), y simulando cierto pudor para impresionar y enternecer al jurado, hombres al fín y al cabo, dejó tan perplejos, patidifusos e impresionados a sus señorías que, cuando salieron de su asombro y por unanimidad, fallaron la absolución y la libertad de Friné, dicen que con la clientela aumentada de entre los prohombres del gran jurado.

Otro día hablamos de Evas Duarte, Isabeles Preysler, las propias Titas Cervera y alguna otra mujer-palmito, que llegan a las más altas cotas sociales y políticas, no por ninguna habilidad ni conocimientos adquiridos y contrastables, las hetariras sí que destacaban normalmente en las ciencias y en las letras, sino por sus discretas, no contrastables pero, por lo visto, contundentes artes amatorias y la práctica calculadora que siempre han llevado entre las piernas.... Y eso sí que les es común con aquellas grandes mujeres, las admirables hetairas de la antigua Grecia.

Hay que decir que también siempre ha habido hetairos....Pero esa es otra historia...

 

 

Pigmalión. El efecto Pigmalión.

Pigmalión fué un rey, de Chipre concretamente, y escultor mitológico que, un poco quisquillas, seguramente misógino, se negaba a tomar esposa, con lo que peligraba la descendencia real, un problemazo de la hostia ( imaginad por un momento lo que hubiera sido de nosotros, dios no lo quiera, si el príncipe Felipe, un suponer, se hubiera quedado sin descendencia), y se pasaba la vida modelando figuras de mármol, preferiblemente de mujer, como si buscara en aquellas estátuas la mujer perfecta que él no sabía ver entre las mujeres vivas que le rodeaban y a las que rechazaba olímpicamente....

Una de aquellas estátuas le quedó tan bien, tan físicamente perfecta, que Pigmalión se quedó prendado, enamorado de ella hasta las cachas. No sabemos que habría pasado con Chipre si la diosa Afrodita, a la sazón en el negociado de asuntos de amor, no se hubiera compadecido de él y le diera vida, convirtiera en una mujer de carne y hueso, a aquella mujer de mármol. Así nació Galatea, la que luego sería su esposa y madre de sus hijos..

Luego, como casi todo lo mitológico, el caso de Pigmalión sirvió para que científicos, poetas, psicólogos y otras gentes de mal vivir, en los siglos siguientes, arrimaran todos el ascua a su sardina, algunos con más fundamento que otros, y teorizaran con el ejemplo para dar explicaciones a algunos de sus experimentos. Así se escribe la historia, así se desarrolla la ciencia.

El caso es que, parece bastante cierto, hay un científico, un tal Rosenthal, que ha profundizado sobre el tema y tomó como ejemplo el efecto mitológico de Pigmalión para desarrollar interesantes experimentos y teorías sobre el tema, sobre la realización de expectatívas en función de la fe o el tratamiento que le aplicas a las personas, a las cosas.

Uno de sus experimentos, conprobado y constatado, consistió en que el propio Rosenthal tomó al azar a una serie de alumnos, perfectamente "del montón", y le dió sus nombres a los profesores asegurándoles, falsamente, que eran superdotados. El efecto Pigmalión funcionó, tiene su enjundia y todos hemos sospechado alguna vez que puede ser posible, y a los ocho meses, aquellos alumnos obtuvieron resultados de superdotados. La expectativas de los profesores, la forma de tratarlos en base a su supuesta supercapacidad, había obrado en ellos el "milagro" de la excelencia, había transformado, estimulado, en positivo sus mediocres capacidades, sus mediocres trayectorias.....

Parece ser que en el fenómeno de las profecías que se cumplen, el efecto Pigmalión, se da también en las ciencias físicas y he leído por ahí algún fenómeno relacionado con ello. El más significativo, por sorprendente, es aquel sobre el electrón que tiene mosqueado a la comunidad científica: Parece ser que unos dicen que el electrón se comporta como una onda y otros que lo hace como una partícula, algo que a mí, así a priori, me la trae al pairo o, en el peor de los casos, no me quita el sueño, pero que a ellos, al ser de ciencias, les provoca no pocas amgustias, desde el momento en que, parece ser, paradójicamente, el electrón se comporta como las dos cosas. Todo depende de la idea previa del expirementador en cuestión. Si éste piensa que el electrón se comporta como una onda, consigue demostrar que así es. De la misma manera, si parte de que el electrón se comporta como una partícula, así lo demuestra. Parece ser que el propio experimentador "altera" el comportamiento del electrón según lo que "espera" obtener.

El efecto Pigmalión, en cualquier caso y de alguna manera, cuestiona lo que se supone define el estudio científico y que es el de poder usar los resultados de las investigaciones científicas para hacer predicciones, pues podría estar pasando que la predicción de un acontecimiento sea lo que te encamine al acontecimiento de aquella predicción....Y eso puede ser bueno, o malo, según sea la predicción de buena o de mala.

Ojito con eso. Se me ocurre que, por ejemplo, Rajoy, no hace otra cosa que pregonar, predicar, desear por intereses personales y espurios, crisis económicas, desgracias, tragedias, roturas de españas y las siete plagas. No nos convienen los cenizos así, pues podrían acabar cumpliéndose sus cenizas predicciones, sobretodo si acaban gobernando.

El efecto Pigmalión, y me pongo serio para decirlo, tiene mucha importancia para nuestro deambular por la vida, para la psicoterapia, las ciencias humanas y sociales, la salud en general. También se le podía llamar positivismo, u optimismo. La actitud ante la vida es básica para que la disfrutemos básicamente, o básicamente la suframos.

Al mismo tiempo, podemos pensar como muy probable, más incluso que en positivo, que el mismo fenómeno en negativo, las expectativas vistas con un prisma pesimista, es casi un seguro de desgracias, se harán realidad con toda probalidad. Todos sabemos que eso es cierto en un gran número de situaciones.

La moraleja cae por su propio peso: Tenemos que someter a control nuestras reflexiones, nuestras creencias, nuestras expectativas ...Y darles siempre el tinte positivo, aunque sea desesperada y enfermizamente como hiciera Pigmalión, para que se cumplan. O, como hace ahora Zapatero, negarse a pronunciar la palabra "crisis"...No vaya a convertirse en realidad...O, si se hace, pronunciar una y mil veces, y hacer cosas para lograrlo, la palabra "solución"....

Seamos positivos que se cumplirán nuestras expectativas. Creo.

Yo voy ahora mismo a hacerme una estatua de mármol...A ver si consigo darle la forma, sobretodo al culo, no ya de la del cuadro que ilustra este post, sino usando como modelo, aún lo llevo en el pensamiento, el glorioso culo de la Maite de hace un par de décadas....(Ya sé, cariño, es una bromilla...Yo también tenía la tersura del propio mármol...Y ya.... no tanto..)

La obsesión por la felicidad, ó Sísifo y su pedrusco, ó ¡¡Sé feliz con lo que tienes, desdichado!!

Está muy claro que cuando conseguimos alguna meta importante, una de esas, siempre hay una, de las que mientras no la conseguimos nos tiene obsesionados, cuando lo hacemos, cuando la alcanzamos, notamos que no nos acaba de llenar y enseguida volvemos, en el mejor de los casos, a ponernos metas nuevas, no siempre sanas, bendecidas más por las insanas Envidia, Avaricia o la Obsesión, que por la legítima y noble Legitimidad o por el sano y afanoso Afán.

Y si conseguimos la casa maravillosa que habíamos estado soñando, o el yate, o la mujer/hombre de nuestros sueños y obsesiones, ahora queremos un palacete, un transatlántico, a otras mujeres/hombres distintos. Y, luego, más. Más dinero aunque tengamos de sobras, más reconocimiento social aunque tengamos mucho, más cultura por mucha que tengamos...hasta más centímetros de polla, con perdón y valga la verbigracia, aunque tengamos más que suficiente con la que nos proporcionó la naturaleza. Siempre más, nunca suficiente. Obsesiva, infelizmente.

La mitología griega, cómo no, también tiene su metáfora en forma de personaje, para representar ésa búsqueda incesante, tortuosa, obsesiva de la felicidad, en la figura de Sísifo.

Sísifo fué un mortal importante, fundador y rey de Corinto e hijo de Eolo, dios del Viento. El chico lo tenía todo pero, para su desgracia, no aprendió a ser feliz con todo lo que le había sido concedido, la avaricia no le proporcionaba sosiego y robaba y asesinaba a los mortales y engañaba a los dioses, para conseguir más riquezas y privilegios.

Sísifo fué considerado el más astuto de los mortales. Fíjate hasta qué punto que cuando Tánatos (la Muerte) fué a buscarle, el chico se las arregló para ponerle unos grilletes y así le tuvo, inmovilizado, hasta que vino Ares a liberarlo de sus garras. Claro, durante esa temporada no se moría nadie, nadie iba en busca de los mortales que estaban a punto de diñarla, por lo que cabría pensar que quizás hubiera ido bien que Sísifo hubiese conseguido mantener a Tánatos a buen recaudo (lo que nos ahorraríamos en Tanatorios, por no hablar de la inmortalidad).

Poco antes de morir definitívamente, el muy retorcido de Sísifo, le pidió a su mujer que no le rindiera los cultos de rigor y, una vez en el infierno, convenció a sus guardianes para que le dejaran volver a decirle cuatro cosas a su infeliz esposa por no cumplir con el ritual de su muerte en la forma que debía. Luego, claro, no quería volver y tuvo que venir a llevárselo a la fuerza el mismísimo Hermes (algo así como el capitán de los GEOS del Olimpo de los dioses, para que nos entendamos).

Así que cuando lo pillaron definitívamente en el infierno, después de maratonianas reuniones dedicadas a pensar la manera de aplicarle un castigo ejemplar al listo y obsesivo Sísifo, decidieron que, ya que no quería morir, que había intentado tantas y tantas cosas para escapar de su mortal destino, no moriría, le devolverían la vida, pero, como les había dado tanta brasa y querían meterle un buen puro, estaría toda la eternidad subiendo una peazo de piedra por una ladera, tan empinada, que cuando está a punto de llegar a la cima, invariablemente, lleva así muchos siglos y muchos más que le quedan, toooooda la eternidad, la piedra se precipita al vacío..... y vuelta a empezar....(Míralo ahí, en pleno e inútil esfuerzo, al comienzo de la ladera, con su pedrusco).

No, en serio. El filósofo Albert Camus dejó escrito que Sísifo y su piedra, ladera arriba, representan el esfuerzo inútil e incesante de la búsqueda infructuosa de la felicidad, cuando no alcanzamos la sabiduría, cuando no llegamos a la sabia meta de, si no conformarnos, si saber disfrutar felizmente con lo que tenemos. En todos los sentidos.

PS.-No es más rico, ni más feliz, el que más tiene, si no el que menos necesita y aprende a vivir con eso..