"Llerena, lugar nobilísimo, cabeza de la provincia de León en Extremadura, situada en las raíces de Sierra Morena, feliz de sitio, fértil de suelo, sano de cielo, soberbia de casas, agradable de calles, abundante de hermosas, llena de caballeros y letrados y de tan raros ingenios, que apenas necio podrá hallarse uno."
Luis Zapata de Chaves
“Libro de Cetrería”.
Siglo XVI.
"Llerena comienza a tener su protagonismo a partir de su reconquista en el siglo XIII. Fué pieza fundamental como plaza principal en la conquista cristiana de toda la zona. Pelay Pérez Correa, Maestre de la Orden de Santiago, desde la alcazaba reconquistada de Reina, comienza a sentar las bases de la administración militar y civil de toda la comarca y también fue el primer impulsor de lo que fue la Provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura, siendo Llerena la población que ocupó la cabeza durante varios siglos.
Pero esta comarca se encontraba casi despoblada, con unos inmensos territorios que había que ocupar con gente para adquirir seguridad y a la vez explotar tan importantes dehesas y tierras de calidad. En aquella época era la fuente principal del sustento de los pueblos, y Llerena, poco a poco se va convirtiendo en el centro natural de la comarca y sus muros alojan a los más importantes Maestres de la Orden de Santiago, que la eligen como residencia temporal. El primero de ellos, el infante don Fadrique (1342-1358), hermanastro del rey Pedro I el Cruel, y le siguieron don Pedro Fernández Cabeza de Vaca (1382-1387), don Enrique García Fernández de Villagarcía (1385-1387) que fabricó posteriormente su castillo en la vecina Villagarcía de la Torre, Lorenzo Suárez de Figueroa (1387-1409) enterrado en la iglesia de Nuestra Señora de la Granada y el último de los Maestres de la Orden, don Alonso de Cárdenas (1480-1493).
Durante los años sucesivos a la reconquista se asientan en Llerena gran cantidad de familias judías apoyadas por la corona por conseguir una mayor repoblación. Estos clanes hebreos convierten a Llerena en un población próspera y con unos niveles muy elevados en los sectores económicos y culturales. Hacia el año 1479, el judío Rabí Mayr consigue de los Reyes Católicos eliminar la prohibición que existía en toda España de celebrar ferias y mercados, y tuvo bastante importancia una escuela de traductores. La aljama de Llerena la formaba casi 600 familias en torno a la zona ocupada por la sinagoga (ermita de Santa Catalina) y la fuente pellejera.
Por aquellos años se vivía plenamente en Llerena una profunda integración de las tres culturales, la cristiana, la judía y la musulmana.
Tras el decreto de expulsión ordenado por los Reyes Católicos en 1492, en Llerena se quedan 125 familias judías que adquieren su cualidad de judeoconversas, que junto con Fregenal de la Sierra se convierten en los núcleos poblacionales de mayor número de cristianos nuevos.
Uno de los motores impulsores de la evolución de Llerena a finales del siglo XV es el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, gracias a las influencias políticas del licencia Luis Zapata, Consejero y asesor de los Reyes Católicos y también debido a la extensa población hebrea de la Baja Extremadura. Ha sido considerado por muchos historiadores como la institución que formó la región extremeña.
Fue el tercero en cuanto a la extensión de su jurisdicción y ocupaba 42.260 kilómetros cuadrados, el tercero de España, e incluía los obispados de Ciudad Rodrigo, Plasencia, Coria y Badajoz y ocupó en nuestra ciudad tres sedes permanentes, la primera el palacio prioral en la calle Zapatería, la casa maestral en la calle La Cárcel y por último, hasta su abolición en 1834, el Palacio de los Zapata, hoy de Justicia en la calle Corredera.
Entre los procesos inquisitoriales más nombrados cabe destacar el iniciado contra los alumbrados o iluminados en la segunda mitad del siglo XVI, amplia y detalladamente estudiado y analizado por el profesor Huerga. Este movimiento herético, basado en la permisión de conductas no muy ortodoxas, por lo general influenciadas por contactos sexuales algo escandalosos, se extendió por algunas zonas de nuestra región y fue perseguido con ímpetu por el religioso fray Alonso de la Fuente, hasta lograr en 1570 un masivo proceso de más de 50 herejes
Muchas familias vivían amparadas por la clase burocrática e institucional, la Mesa Maestral, el Santo Oficio de la Inquisición con más de 50 funcionarios, el Cabildo que contaba hasta con 9 escribanos o Notarios, aparte de los alguaciles, regidores, etc. Pero fundamentalmente estaba el clero que lo componían 297 miembros a finales de la centuria del XVI, y que aportaban los servicios religiosos a las dos parroquias, Nuestra Señora de la Granada y Santiago, y ocho conventos de Llerena, cuatro de monjas, Santa Clara, Santa Ana, Santa Isabel y la Concepción , y cuatro de frailes, Santo Domingo, San Francisco, San Sebastián y el de los Jesuitas.
El resto de la población estaba compuesto por artesanos y agricultores y ganaderos, que convivían en zonas gremiales del casco urbano cuyas calles conservan actualmente sus antiguas denominaciones tras numerosas rotulaciones sufridas a partir de la Segunda República Española. Entre ellas están la calle Zapatería, Curtidores, Caleros, Ollerías, Armas, Cedaceros, Bodegones.
La decadencia de Llerena comienza ya avanzado el siglo XVII, al igual que se produce en el resto de España, debida a crisis política del imperio, propiciada por las inexplicables guerras con nuestros vecinos y el difícil sostenimiento de una infraestructura política y territorial guiada por regentes poco activos y validos aprovechados. También fueron causa de este declive la expulsión de los moriscos, las sucesivas pestes que asolaron Llerena y que la mantenían aislada durante muchas cuarentenas del exterior con el cierre hermético de sus puertas. Pero la mayor lacra la proporciona la guerra con Portugal que merma a nuestra ciudad y esquilma su economía, pero en compensación, recibe el título de ciudad por Felipe IV el 12 de junio de 1642.
La Guerra de la Independencia (1808-1814) en nuestra ciudad tuvo gran incidencia, con la batalla de Cantalgallo en 1810 Llerena es destruida en parte y esquilmada por las tropas francesas. Se produjeron muchos destrozos en edificios importantes y parte de nuestro riquísimo archivo histórico fue destrozado y sirvió de asiento a las caballerías, saliendo gran número de importantes obras de arte de nuestras iglesias, tales como parte del retablo de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada decorado por Zurbarán.
Tras el decreto de suspensión de la jurisdicción religiosa que mantenían desde siglos las Ordenes Militares, en Llerena se produce el llamado “Cisma de Llerena”, provocado por el clérigo don Francisco Maesso de la Fuente al no admitir acogerse a la jurisdicción del Obispado de Badajoz. En algo más de un año se produjeron diversos altercados que se apaciguaron cuando Alfonso XII llega al trono, provocando con aquel decreto la desaparición del provisorato de Llerena.
Las sucesivas desamortizaciones produjeron también un gran descalabro para la economía municipal de Llerena y en definitiva para todo su vecindario. La de Mendizábal de 1837 y Madoz en 1855 dejaron casi sin recursos al Ayuntamiento de Llerena que perdió casi la totalidad de las dehesas de su propiedad y que había mantenido y explotado durante siglos proporcionando unos importantes beneficios para las arcas municipales. Desparecieron también algunos conventos, como Santa Isabel, San Francisco, La Merced, San Sebastián y la Concepción, quedando subsistente solamente Santa Clara.
Ya en el siglo XX, durante la dictadura del General Primo de Rivera se producen en Llerena importantes obras que hoy perduran (Cementerio, Grupo Escolar, Plaza de Abastos), y tras la II República, declarada Llerena desde el balcón del ayuntamiento el 14 de abril de 1931 por el socialista Juan-Simón Vidarte Franco-Romero, se producen, como en toda España, los trágicos sucesos de la Guerra Civil.
PERSONAJES ILUSTRES
Es de destacar también la influencia que ejercieron algunos personajes importantes del siglo XVI en la evolución de Llerena. El más importante de ellos, aparte de los Maestres de la Orden de Santiago citados, están el licenciado Zapata, miembro del Consejo de los Reyes Católicos, testigo del testamento de Isabel la Católica y consejero posteriormente de la reina Juana y del emperador Carlos V. Su protagonismo en la aprobación de los privilegios de la Mesta, o en la redacción de las leyes de Toro o en la guerra de las Comunidades de Castilla fue muy importante. Su obra quedó viva en Llerena con la construcción de la “mejor casa de caballeros”, el palacio ubicado en la calle Corredera, así como en la dotación y terminación de la capilla de San Juan Bautista, que compró al cabildo tras la expropiación que sufrió el hereje Hernando de León.
El nieto del anterior, don Luis Zapata de Chaves, el autor de la Miscelánea, el Libro de Cetrería y el Carlo Famoso, fue paje de Felipe II y de la emperatriz. Residió en la Corte y viajó por toda Europa acompañando al monarca.
Otros personajes fueron don Rodrigo Porrado, comendador de la Orden de Santiago, que con su mujer doña Isabel Delgado fundó en 1508 el convento de Santa Clara; don Gabriel de Cárdenas, hijo del Conde de la Puebla, fue rector de la Universidad de Salamanca; el doctor Juan de Amezqueta, miembro del Consejo de Felipe II, regente en Navarra y presidente del Consejo de Órdenes Militares; el teólogo Juan de Maldonado, también filósofo y nacido en la vecina Casas de Reina, Sancho de Paz, contador mayor de Castilla y tesorero de la Casa de Contratación de Indias en Sevilla, que fundó y construyó el convento de San Francisco; don Luis de Toro, que sufragó los gastos de construcción de la iglesia del convento de la Concepción; Juan Domingo de Castro, el Hospital de San Juan de Dios, y don Pedro de Mena Barriga, fundador del convento de Santa Ana.
Son de destacar igualmente los personajes que emigraron a las Indias en el siglo XVI y que con su participación hicieron posible la colonización social y cultural del Nuevo Continente.
Sobresale de una manera especial en su campo Pedro Cieza de León, de origen judeoconverso, llamado “El Príncipe de los Cronistas de Indias” y autor de la Crónica del Perú, obra fundamental e imprescindible para el conocimiento de la américa precolombina así como los sucesos que a lo largo de la conquista se van sucediendo.
Fray Luis Zapata de Cárdenas, segundo Arzobispo de Santafé de Bogotá, verdadero impulsor de la evangelización del Nuevo Reino de Granada.
Don García López de Cárdenas, hijo del Conde de la Puebla don Alonso de Cárdenas y doña Elvira de Figueroa, descubridor del Gran Cañón del Colorado.
Alonso de Llerena, fundador en 1571 de la villa de “Llerena Real y Mina de Sombrerete”, actualmente Sombrerete, en el estado mexicano de Zacatecas, ciudad con la que Llerena se encuentra hermanada desde 1992.
Pedro López de Cazalla, secretario de Francisco Pizarro, primo hermano de Cieza de León.
Lorenzo Suárez de Figueroa, fundador de la provincia de Santa Cruz de la Sierra y las ciudades de San Lorenzo de la Frontera, Tucumán y Santafé.
Sancho Sánchez de Muñón, vicerrector de la Universidad de Salamanca y uno de los fundadores de universidad de México.
Y otros muchos llerenenses que con su participación hicieron posible la colonización americana a los largo de los siglos XVI y XVII."
Hasta aquí, todo está sacado de la aséptica página oficial del Ayuntamiento de Llerena. La historia de ése, como la de otros pueblos extremeños, no estaría completa si alguien no hace mención clamorosamente de los cientos, miles de paisanos que, normalmente por razones económicas, tuvimos que salir de nuestra tierra, desenraizarnos cruelmente, ahuecar porque no había para todos a poblar otras tierras, en ese momento más prósperas, antes no, más adelante ya veremos, donde seríamos bien recibidos a veces, no tan bien recibidos otras y donde, qué coño, mal que bien hemos ido sentando raices, otras raices, injertadas con las de otras gentes, en otros países, naciones, o vaya usted a saber....
Bueno, había que poner algo del terruño, olvidado terruño de donde proceden estos huesos....