Cuando uno cree que llega el tiempo del sosiego emocional, cuando se van acercando aceleradamente las épocas del merecido descanso profesional, cuando uno se ha comido, y las ha disfrutado, las mieles de la vida, se ha tragado sin mayores desequilibrios las hieles, y ha sobrevivido emocional y físicamente a ese largo viaje, y lo puede contar, y comprueba que su situación económica, social, familiar, comparada con la media, no ya del mundo, por supuesto, si no de tu propio entorno, es de relativoprivilegio, pareciera como si se debiera estar razonablemente satisfecho, sosegado y felíz...Pero...
...Nadie me había avisado, y si lo hizo no lo capté, o no al cien por cien que, además, tienes que "vivir", con sus grandezas, alegrías y miserias, la vida de cada uno de tus hijos...
Y yo tengo cuatro...
También en eso soy un privilegiado y los cuatro son unos buenos hijos, sin apenas aristas, o sin aristas de importancia pero, naturalmente, les pasan cosas. Unas son inevitables y otras no tanto. Unas son alegres, otras muy gozosas, ...Y, luego, están las chungas, las tristes, cuando no las dramáticas..
Cuando son alegres: culminación de unos estudios, reconocimientos de alguna habilidad artística, enamoramientos, viajes, etc. disfrutas con su alegría o, mejor, te alegras de sus alegrías, porque son ellos los que disfrutan con el viaje, los que se enamoran de sus amores, a los que les aplauden, los que sacarán provecho, o no, de sus estudios. A tí te basta ver su felicidad para abundar en la propia.
Si se trata de asuntos que podríamos llamar "grandes", como que alguno de tus hijos tenga a su vez otro hijo, un nieto/a mío, ahí si que estás implicado directamente y en positivo y lo disfrutas a lo grande, sobre todo cuando, como es mi caso, la criatura está perfectamente sana y es una preciosidad. Qué va a decir su abuelo. Doble ración de felicidad. Esto es cojonudo.....Pero...
...Las tristezas y frustaciones, los desamores, las vicisitudes de más o menos enjundia que resultan negativas a la par que inevitables, esas, algunas especialmente crueles, te las comes con patatas y las sufres en primera persona, y son negativas, y tú te sientes impotente para resolverlas, no puedes hacer nada, ni siquiera aplicar tu experiencia vital para ayudar a rectificar, que eso es lo peor y, algunas veces, el acontecimiento negativo es tan doloroso que te parece, es así, te está pasando directamente, en primera persona, como cuando tú estabas metido en harina, como cuando estabas en el frente, antes de pasar a la retaguardia, con lo que, al fín y a la postre, te encuentras, cuando creías haber cruzado la raya, esa raya que hace decir a algunos que están a la vuelta de todo, viviendo la parte chunga de otras vidas en vivo y en directo. De tus hijos, pero otras. Cuantos más hijos, más vicisitudes que te dan alegrías, pero también disgustos muy grandes.
Y lo digo yo que, gracias a los dioses, no he debido lamentar ninguno de los que se consideran dramáticos e irreparables de verdad.
De modo que el sosiego, el bienestar emocional completo, no te acaba de llegar nunca: Siempre andas sufriendo la última tristeza, decepción, humillación, accidente, coscorrón, el último curso u oposición suspendidos por alguno de ellos, algún que otro desamor, alguna que otra separación de pareja, por doloroso que te resulte a tí ver alejarse de tu vida, por ejemplo, y sin poder evitarlo,a alguien a la que ya considerabas una hija por parte de hijo.....
No me podeis dar muchos disgustos de esos, hijos. Estos días me han salido, de golpe, unas cuantas canas más.
Un beso muy grande a Anna. Y al Quim....
(Aún espero que la cosa sea reversible..... Como la otra vez.)