Kartodrom de Catalunya o, los chutes de adrenalina o, me hago mayor pero aún aguanto.

Yo era el que hacía doce en la parrilla.
Había ido con un grupo de amigos y clientes que celebraban la fiesta de los albañiles, un evento al que, ya comienza a ser una tradición, me invitan los muchachos y al que yo acudo de buena gana y humor dispuesto.
Este año y antes de la comilona, fuimos al Kartodrom de Catalunya en Lliça de Vall, un circuito de minicars homolagado en el campeonato de España de esa modalidad de carreras, de minicarreras en minicoches, para hablar con propiedad.
Lo traigo aquí, en forma de post, porque me gustó mucho la experiencia. Era algo que no había hecho nunca y no tenía ni idea que me pudiera hacer tanta gracia.
En esos "bólidos", y después de todo el protocolo de colocarse el mono, la careta protectora, los guantes, el casco ajustado y asegurado por el personal del circuito, primero hicímos las vueltas de clasificación y, luego, establecidos los tiempos de la mejor vuelta de cada uno, como los profesionales, nos situamos en la parrilla de salida e hicimos la Gran Carrera....
Bueno, en realidad, la Carrera, la carrerita, la hacían los cuatro o cinco primeros de la parrilla, chavales jóvenes que, además, ya habían corrido en cars, incluso en cars de más categoría y centímetros cúbicos...Los demás nos limitamos a cubrir el expediente de la forma más digna posible, aguantando el tipo, que ya era bastante.
Lo que quiero destacar es que la experiencia, que no deja de ser poco más que un juego de niños, es un juego de niños, me sirvió entre otras cosas para dimensionar, de alguna forma, cómo es de determinante el paso de los años a la hora de enfrentarse a actividades que no dominas y que requieren algún esfuerzo físico, y mental, para realizarlos:
De mi franja de edad, mayores de 55, éramos cinco o seis...Pero sólo dos tuvimos el ánimo dispuesto para embutirnos en el traje de piloto y el casco ajustado, confieso que para mí eso fué lo peor por mi tendencia, suave pero fija, a la claustrofobia, y lanzarnos a la pista en medio de aquellos "cafres", los más jóvenes que, para hacer bueno aquello de que la gente se transforma al volante, le sacaban todo el rendimiento posible, y más, a esos sufridos coches que rechinaban y se dejaban trozos de neumáticos a cada curva, trozos que, inevitablemente, nos saltaban al cuerpo, al casco, de los más rezagados, de los que éramos adelantados, alcanzando también una considerable velocidad, cuya sensación aumentaba por la competitividad...
Yo, que en la carretera no soy de los lentos, aún no me explico cómo le podían sacar ese rendimiento al coche y a las curvas aquellos muchachos...Joder, en según qué curvas hay que reducir, ¿No?...Pues algunos de ellos las tomaban a toda pastilla, adelántándote, si era necesario, por la izquierda o por la derecha, incluso saliéndose de la pista, con los consiguientes volantazos por parte de todos que nos hacían chocar y quedarnos cruzados en medio del asfalto, a riesgo de que llegara otro de los más rápidos y nos diera una buena hostia.....
Pero, y eso me movió a postear esto, cuando, sudoroso y dolorido, acabas la carrera, el doceavo de trece, sólo mi otro "valiente" coetáneo quedó detrás de mí, experimenté una sensación de satisfacción que hacía tiempo que no sentía, una alegría por haber estado ahí, por no haberme quedado en la grada, cierto subidón de la autoestima, algo que hizo que el resto del día con aquellos chavales fuera especialmente agradable y nos lo pasáramos de puta madre.. En definitiva, la consecuencia directa de un buen chute de adrenalina...:
La adrenalina, todos lo sabemos, es una hormona que, básicamente, prepara al organismo para responder con presteza ante cualquier amenaza o peligro. Y lo hace aumentando la glucosa en la sangre, la tensión arterial, el ritmo cardiaco, la respiración y dilatando la pupila para mejorar la visión. Ese era, a priori, el modesto cometido de la modesta hormona. Pero esa sensación, agradable, de "estar vivo", y que en nuestra sedentaria vida normal, en la que no se producen situaciones que la despierten y apenas se experimenta con el sexo, y poco más, se está convirtiendo en la piedra filosofal de nuestra sociedad, y todo el mundo busca, cada vez más, los clásicos "chutes" de adrenalina programando actividades cada vez más exigentes- yo me quedaré en el modesto chute que me produjo mi carrera de minicars, aparte de todo el sexo del que sea capaz- desvirtuando de alguna manera la misión primera de esa hormona que todos llevamos ahí y la llevamos para cuando de verdad tuviéramos que enfrentarnos a los peligros o situaciones de alerta que se producen a lo largo de la vida.
Cosas del alma humana. O, mejor, cosas de las hormonas animales, de la bioquímica, que el complicado ser humano ha incorporado a la mística, al patrimonio de las cosas del alma, a un placer físico pero, a diferencia del resto de los animales, también espiritual. Fíjate.

Bienvenido a mi blog, a mi casa, que es la tuya. Aquí iré poniendo cosas que me gusten de las que vea por ahí, o "vomitando" lo que a mí me salga de las tripas, o de las meninges, como le sale a esa simpática calabaza, y que no tiene que ser necesariamente ofensivo....